No pidamos imposibles


Una vez más Europa ha decidido hacer lo único que sabe hacer. Subvencionar; repartir sobres con los que cree solventar todos los problemas; asignar pasta con la que acallar protestas y mantener viva la esperanza de que el tiempo será determinante para resolver los problemas. La moda del reparto de sobres ha tenido tal aceptación que ya traspasa fronteras.

Haciendo oídos sordos a las peticiones de los productores lácteos, la Comisión Europea ha tomado la decisión más torpe que podía haber adoptado. Entregará 500 millones de euros para paliar la falta de liquidez de las explotaciones, estabilizar el mercado y equilibrar la cadena alimentaria, al tiempo que se niega a una subida del precio de intervención. Esto y nada viene siendo lo mismo porque, aunque no se sabe la forma de reparto, sí se conoce que los países bálticos serán los más beneficiados.

Tenemos que irnos acostumbrando a que Europa no está para resolver nuestros más graves problemas. Ni está para eso, ni quiere, por eso no nos llama la atención que los mismos organismos que tuvieron capacidad y mando para imponer cuotas de producción, para destrozar sectores productivos y para hacer agonizar a la agricultura gallega, digan ahora no tener capacidad para imponer unos precios mínimos. Es lo razonable.

Así que no pidamos imposibles. Europa está para lo que está. Para decidir rescates, imponer burócratas, derribar Gobiernos y promover miseria. Para eso la tenemos.

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