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El metabolismo económico español

OPINIÓN

05 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Los últimos datos sobre la economía territorial española vuelven a reflejar la existencia de un comportamiento asimétrico; ya sea utilizando los datos referidos al crecimiento del PIB, que reitera un crecimiento desequilibrado en torno a varias zonas peninsulares; ya sea analizando la trayectoria económica de las comunidades autónomas, ajustadas por los efectos de las paridades de compra. En ambos supuestos, la realidad muestra una mayor divergencia territorial y una tendencia hacia la desigualdad económica entre las diferentes zonas españolas.

A estas dos mediciones se le une una tercera, que mide el total de materiales utilizados, relativos a la energía, materiales, recursos naturales, e importaciones. Y, dentro de ellos, distingue los recursos bióticos (renovables) y abióticos (no renovables). Se trata de cuantificar el comportamiento económico en términos de sostenibilidad, efectuando un seguimiento de los flujos de energía, materiales y residuos que alimentan el sistema económico; así como las huellas de deterioro ecológico provocadas por dicho funcionamiento. De esta forma, calibramos si un territorio está viviendo más allá de sus posibilidades en términos de recursos; o, si dicho territorio ha superado la capacidad de los ecosistemas para absorber los residuos. Este razonamiento suple las carencias de la ciencia económica y logra incorporar al análisis el aparato conceptual de la ecología, con el fin de poder evaluar la interacción de las sociedades humanas con el medio físico en el que se desenvuelven, como afirma el profesor Carpintero.

El contexto español se ha caracterizado por el tránsito de una economía de la producción a una economía de la adquisición. ¿Qué significa esta tesis? Si antes (años sesenta y setenta) basábamos nuestro uso de requerimientos en la explotación de los recursos energéticos y en el aprovechamiento de la biomasa (o sea, sobre un peso elevado de los recursos naturales); en la actualidad (siglo XXI), los productos minerales y los productos energéticos están constituyendo la base de los inputs directos. Es decir, estamos adquiriendo todo aquello que no es renovable (los ejemplos de los minerales metálicos y no metálicos para el sector de la construcción son una buena muestra), con lo que estamos contribuyendo a disminuir nuestro potencial y a deteriorar la corteza terrestre. Consecuencia de esta dependencia son los mayores requerimientos de flujos y de superficie de explotación.