Somos unos desagradecidos


Los gallegos somos gente poco paciente, muy cabezota y nada dialogante. Nos lo tomamos todo por la tremenda. Nos pusimos del hígado con aquello de las beneficiosas ofertas de las preferentes y cuando quisieron darle una mano de pintura a nuestras costas creamos un movimiento de rechazo. Y como la historia se repite, volvemos a montar la de San Quintín con la construcción de un hospital en Vigo que es la admiración del mundo. Todo porque un par de ratones se han adelantado unos días a su puesta en marcha con el fin de disfrutar tranquilamente de tan acogedoras y prácticas instalaciones.

El problema no es el hospital ni la privatización de la sanidad. Esas, ya nos lo dijeron, son invenciones malintencionadas de quienes se resisten a que esto vaya delante. El problema somos los gallegos, que encima de que nos están dejando el país como un jardín, nos pasamos el día protestando.

No tenemos arreglo; somos incapaces de afrontar la vida con buen ánimo y eso nos va a la salud. No hay más que ver a los responsables de la sanidad y la mercromina, que no dan abasto atendiendo nuestros arrechuchos. Tanto que se les pasó por alto lo que hace solo unas horas dijo el presidente Rajoy: «Cuando uno tiene una responsabilidad importante hay que saber estar a las duras y a las maduras, y cuando tienes un problema lo explicas y das la cara». Él no lo hizo, aunque viene bien la rectificación. Pero se ve que los de Sanidade estaban enfrascados cazando ratones y ahuyentando Aspergillus porque no escucharon a su líder.

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