Hospital público, hospital privado


Muchos lectores todavía se acordarán de aquella serie titulada Hombre rico, hombre pobre, estrenada a finales de los años setenta, con Peter Strauss y Nick Nolte interpretando a dos hermanos con desigual fortuna, aunque para la memoria televisiva quedase el villano Falconetti, convertido en epónimo de la maldad personificada.

La dicotomía de ambos hermanos vale para abordar esa otra confrontación, más dialéctica que real, entre lo público y lo privado en la sanidad, pues más que tratarse de dos realidades contrapuestas se hallan imbricadas la una en la otra, por el empuje de las grandes empresas de servicios para hacer de la sanidad pública su negocio privado.

Hace años que, como si de un caballo de Troya se tratase, esas empresas han entrado en los hospitales públicos asumiendo los servicios de limpieza, lavandería o seguridad, entre otros. Un salto cualitativo representa el recién estrenado hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, al que el nombre del escritor le viene que ni pintado, por el uso del mito y la fantasía en su literatura.

Ese hospital algo tiene de mito. Se parece a una de esas quimeras de la mitología griega, pero con cabeza de hospital público y cuerpo de privado. En tono más prosaico, estamos ante un edificio cuya titularidad corresponde a la empresa concesionaria, que lo cede al Sergas para que desarrolle exclusivamente sus actividades sanitarias. Del resto se ocupa la concesionaria.

Y como el lucro es la premisa básica para esa gestión privada, se han encargado, mediante indiscriminados bolardos y vallas, de que la única forma de estacionar en los aledaños del hospital sea previo pago, al no existir alternativas para poder dejar el vehículo, ni siquiera en una de esas leira park que proliferan en el entorno de otros hospitales.

También han dejado el laboratorio central fuera del hospital para posibilitar, algún día, que ese servicio se pueda externalizar, como ya se ha visto en Madrid. Siendo así, en esta otra historia lo único que tengo claro es que el Falconetti de turno es quien ha abierto la puerta de Troya a este lucrativo negocio, endeudando más las arcas públicas.

Eugenio Moure es abogado

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