Mercados campantes, Estados menguantes


Para aquellos que opinan que la mejor sociedad es la que se organiza con el menor sector público posible, y con el máximo de asuntos sometidos a compra y venta en los mercados, la Unión Europea (y aún más la Eurozona) es el mejor de los mundos. Porque el sector público estrictamente gestionado por el Parlamento y la Comisión Europea apenas alcanzan el 1% de la riqueza de los países miembros de la UE. Con ese mínimo porcentaje de ingresos y gastos públicos comunitarios los mercados (de mercancías, financieros, laboral, de recursos naturales?) antes nacionales han suprimido la mayor parte de sus barreras internas.

Los negocios se hacen a escala europea aunque el sector público siga siendo cosa, fundamentalmente, de cada país. Esta asimetría está en la raíz de la profunda crisis de la eurozona: un área monetaria y de mercado que se rige por reglas comunes, pero que no tiene ni un Estado (el Eurogrupo ni existe formalmente), ni un presupuesto que respalde esa moneda. No obstante, la inmensa mayoría de nuestros gobernantes opinan que así debe ser. Máxima integración y libertad para mercados y negocios, mínima presencia de ingresos y gastos públicos comunitarios. Los problemas sociales que de esa asimetría puedan derivarse no son cosa común. Cada país que asuma los platos rotos que le toquen.

A los países que saquen buen partido de los mercados europeos no se le exige que respondan por los impactos negativos (desempleo, pobreza?) que puedan ocasionarse. Se está en una moneda para hacer negocios, no para compartir una ciudadanía. Este sálvese quien pueda también rige en cada Estado. Así en España la meta del actual Gobierno no es, faltaría más, igualar el peso de lo público en el PIB con la media europea. La idea es hacerlo lo más reducido posible; si la media europea está en el 48% nosotros descenderemos en 2016 hasta el 42%. Para que se resuelvan más cosas por los mercados (en sanidad o educación por ejemplo, por quién pueda pagárselo) y menos colectivamente. Cuando el país no es un Estado rico (Alemania por ejemplo) sino una región rica (el País Vasco o Cataluña) el mismo razonamiento prosigue su curso imparable. Queremos compartir la moneda común, queremos compartir todos los mercados? pero queremos que el Estado común (español) nos cueste lo mínimo posible. Unidos sin límites en los mercados y la moneda; separando lo más posible los recursos que ponemos en común. Es esta una ideología tóxica, simple y contagiosa.

Para los negocios todos coleguillas, para todo lo demás solo nos hacemos cargo de los compatriotas. En un caso sin fronteras, en el otro vaya si las hay. Por eso el menguante Estado de Bienestar alemán no quiere saber nada del español, el español del griego y el catalán quiere, como el vasco, ocuparse solo de sus paisanos. Así no se construye una sociedad europea o española mejor. Habrá desigualdad creciente y no se respetarán los derechos básicos de todos los ciudadanos. Quizás sea mejor para aquellos que tengan bien llenos sus bolsillos, aunque incluso para estos será una sociedad a cada paso más insegura.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
27 votos

Mercados campantes, Estados menguantes