Estrategias, luces cortas y lugares comunes


La Xunta de Galicia, con su presidente y su conselleiro de Facenda al frente, está lanzando estos días el Plan Estratéxico 2015-2020 cuyo documento base de partida -de 144 páginas- incluye cinco ejes, más de veinte prioridades y casi cien objetivos (http://www.planestratexico.gal/).

Dejando a un lado la obviedad de que a mediados del 2015 estemos definiendo la estrategia del 2015, el principal desenfoque de la documentación puesta a disposición pública es, para mí, su objetivo central.

Según el presidente, este será el plan de la recuperación económica, ya que el anterior habría sido el de la salida de la crisis. No me parece razonable que un plan estratégico para construir una economía y una sociedad con futuro deba subordinarse a la coyuntura del ciclo económico. Adaptarse sí, subordinarse no. Eso no es estrategia, es gestión.

Menos mal que, según el breve documento de presentación del plan, su objetivo confesado es: «Fomentar un modelo de crecemento económico baseado na innovación e o capital humano, que favoreza una Galicia moderna e cohesionada social e territorialmente e que permita diminuír o desemprego, aumentar a produtividade e o benestar dos galegos colaborando a retomar a senda do crecemento demográfico e facendo da nosa Comunidade un territorio máis atractivo para traballar, investir e convivir».

Ahora el problema es que uno podría cambiar la palabra Galicia por el nombre de cualquier otra comunidad autónoma y sería difícil no estar de acuerdo. Hemos pasado de un sesgo coyuntural a un sesgo de generalidades. O demasiado centrado en las luces cortas o válido para cualquier tiempo y lugar.

¿Cuál podría ser el objetivo central de una estrategia económica y social para Galicia que no pecase de cortoplacista o de generalista? Por ejemplo: evitar que Galicia dependa para su bienestar de la transferencia de rentas (fiscales del resto de España o europeas) o de financiación exterior (para nuestras deudas públicas y privadas). Porque ambas nos hacen muy vulnerables a turbulencias políticas y financieras externas.

¿Cómo de elevada es nuestra dependencia? El saldo exterior en bienes y servicios puede tomarse como un indicador de la misma: en Galicia se sitúa en un negativo tres por ciento del PIB (mientras que en Cataluña lo hace en un positivo diez por ciento de su PIB).

Ahora consumimos bienes y servicios por encima de nuestra producción, debemos intentar exportar más o importar menos. Crear más riqueza con empleo interno, que cubra una mayor parte de nuestro mercado y que coloquemos en el exterior. Este sí podría ser el centro de una estrategia de largo recorrido. Para llegar a la ratio catalana en el 2025.

Para entonces muchas cosas habrían cambiado: no dependeríamos de la solidaridad ajena ni de acreedores externos. Aunque para llegar a esa meta, las prioridades y objetivos concretos no pueden ser un variopinto cajón de sastre donde todo el mundo encuentre lo que le gustaría. No puede haber de todo como en botica. Pero de eso hablaremos otro día.

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