Cataluña: ha llegado el momento del «J'accuse»


Visto desde fuera del capillismo sectario de los nacionalistas, es decir, con la distancia que impone el sentido común más elemental, el desarrollo del desafío secesionista catalán parece una inmensa patochada.

Pues, ¿cómo calificar, si no, ese pacto entre Convergencia y ERC para impulsar un proceso de «desconexión legal» con España, que daría lugar a un «punto de ruptura» consistente en la declaración unilateral de independencia en un plazo de seis meses tras las elecciones autonómicas y que se abriría con la aprobación por el Parlamento catalán de una «ley de transitoriedad jurídica» para mantener el ordenamiento español, hasta no ser sustituido por otro enteramente catalán, y con la creación de «estructuras del Estado» para suplir las existentes hoy en Cataluña?

Una inmensa patochada, sí, lo que no evita que, como en el capricho de Goya, el sueño de la razón produzca monstruos. Y es que cuando aquella acaba por dormirse, todo cabe: incluso ponerse a imaginar un proceso (palabra tótem del nacionalismo) que, no solo contra la Constitución y las leyes, sino contra la historia, la paz civil y la convivencia democrática de una comunidad plural de ciudadanos, acabe dando lugar a todo ese conjunto de majaderías propias de quienes están completamente convencidos de poder transformar sus delirios en política práctica porque nadie se atreverá a poner la sensatez y la ley frente a sus baladronadas.

Ha llegado, en todo caso, el momento de insistir tantas veces cuantas sea necesario que esa sensatez no puede ser ya solo la del Gobierno y el partido que lo apoya.

Lejos de ello, si queremos evitar vernos metidos en una crisis en la que no quede otro remedio que echar mano de las graves medidas previstas en la Constitución y del Código Penal, es ahora, y no más tarde, cuando deben hablar con claridad los partidos defensores de la unidad nacional y, de forma muy especial, el PSOE, saliendo con coraje de su cómodo refugio para no comprometerse (esa tontería del choque de trenes y los separadores y los separatistas); es ahora cuando deben hablar los intelectuales, al menos los que por no estar a sueldo del miedo pueden hablar con libertad; cuando deben hablar los sindicatos y las organizaciones empresariales; y esos profesionales y artistas siempre con la pluma presta para poner su firma al pie; y los parlamentos regionales y los ayuntamientos; y las reales academias; y todas las organizaciones de una sociedad que, dentro y fuera de Cataluña, saben que lo de Mas es solo la huida hacia delante de un político acabado que ha conseguido, desde el miedo y la manipulación, meter a cientos de miles de personas en un callejón que no tiene más salida que el abismo.

Sí, ha llegado el momento de tomar partido (aquel celebre J?accuse de Émile Zola) para evitar que los silencios cobardes de hoy puedan facilitar los desastres de mañana.

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