Por una universidad interdisciplinar


La profunda y larga recesión en la que estamos sumidos ha alterado el sistema nervioso de la economía, la sustancia de la democracia, las formas de la política y, por descontado, ha quebrado la estructuración de la sociedad. Descritas así las cosas, solo desde la ideología, entendida como una falsa consciencia de la realidad, se podía creer (no pensar) que la Universidade da Coruña (UDC) iba a permanecer al margen. Si han cambiado nuestros usuarios y proveedores, nosotros también hemos de hacerlo.

La propuesta que se nos hace desde el rectorado es la de un ajuste coyuntural y no la de una reordenación profunda. Pero al proceder así lo que haremos será perder más años porque volverán más crisis. Por ende resulta impropio que esto suceda en un centro del saber universal, porque el eje de la propuesta de fusión es estrecho y economicista. Es limitado porque únicamente busca ahorrar y no cómo aumentar los ingresos. Es economicista porque fragiliza la ocupación y lleva a la rutina el trabajo de los empleados. Es decir, vamos hacia una universidad que va a vivir por debajo de sus potencialidades.

El detonante de esta crisis ha sido que no hay dinero para seguir como hasta ahora y de ahí la urgencia en promover la fusión de centros y departamentos. Eso es conveniente y es necesario, pero pensemos en darle una orientación con más futuro. Un criterio podría ser el de destacar nuestras singularidades dentro del Sistema Universitario de Galicia, pero con eso no basta. Hay que producir notoriedades que se adecúen a los tiempos que vivimos. Y ahí es donde se sitúa esta propuesta, porque el conocimiento del porvenir no es endogámico sino mestizo.

Pongámonos a reestructurar la UDC, pero a fondo. Si el punto fuerte es la docencia, tratemos de mejorarla; si la investigación es una debilidad, propongámonos fortalecerla. Porque una sin la otra no sobrevivirán mucho tiempo. Pero hagámoslo con criterio y con participación. Si la universidad quiere ser el lugar por excelencia donde se genera el conocimiento científico, ha de romper con la actuales fronteras disciplinares. Reordenar no es reducir los cargos de representación (que hay que hacerlo) sino promover, por así decirlo, saberes de arco iris.

Adoptemos una propuesta de docencia con espíritu multidisciplinar. El nuevo alumno, nada más entrar, recibiría un curso cuatrimestral que estaría dedicado a cómo escribir bien, hablar en público con claridad, ordenar la información que se va a presentar y comparar los trabajos realizados en un blog interno. Aprender, desde el principio, a sacar el mayor provecho de la información disponible y de los recursos bibliográficos. Quizás la regla podría ser la de doce alumnos por profesor para adiestrarse en métodos de exposición.

Pensemos en otra iniciativa, esta vez, de investigación. Impulsando, por ejemplo, un departamento transdisciplinar para mejorar la vida en la región urbana de A Coruña. En ese «conglomerado de calidad» cabrían científicos sociales y naturales, tecnólogos y humanistas de variada índole que compartirían sus hallazgos y perspectivas. De ahí saldrían, probablemente, mejores proyectos de investigación, más recursos monetarios y alumnos más entusiastas, mejor formados, con mentes más amplias, críticas y creativas.

En conclusión, busquemos entre todos caminos que acrezcan los ingresos. Y procuremos distinguirnos en el mapa universitario gallego. Forjemos una comunidad universitaria con identidad propia. «Pretender seguir como antes, he aquí la catástrofe», eso es lo que escribió W. Benjamin.

Por Antonio Izquierdo Escribano Catedrático de Sociología, UDC

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