Feijoo no va a la guerra


El presidente Feijoo es único leyendo y analizando situaciones de riesgo. Pocos políticos como él tienen el olfato para detectar coyunturas imposibles de las que lo mejor es alejarse. Por mucho que se ansíe y se sueñe con un tiempo nuevo, hay que saber aguardar momentos mejores, huir de los conflictos y de guerrillas siempre que sea posible, aunque, como bien decía Mao, la política es una guerra sin sangre.

Y eso es lo que ha hecho el presidente gallego, de acuerdo con la información adelantada a media tarde de ayer por este periódico. Esperar a que regrese la normalidad al Gobierno de Madrid y a su partido, para iniciar esa andadura que todos sabemos que tanto ansía y que antes o después lo llevará a la Villa. Feijoo ha decidido ver pasar el tornado desde la lejanía, cómodamente sentado en su despacho de San Caetano y además convertido en asesor y guía de los nuevos tiempos populares, aconsejando que hay que ir al fondo del problema, variando el proceder e incluso, por supuesto, el ideario. Y hacerlo con juventud y espíritu crítico.

Solo un irresponsable o un suicida podría arriesgarse a formar parte en estos momentos de un Gobierno que está finiquitado y que vive sus últimas semanas. Con un presidente que alcanza las más bajas cotas de credibilidad. Con un partido que hace aguas tras perder dos millones y medio de apoyos y con unas batallas internas en las que Aguirre y líderes y barones poderosos convierten a traidores como Bruto en meros aprendices.

Feijoo ha decidido no ir a la guerra. Que la libren otros. La mejor opción, aunque también la única en quien mantiene intactas sus aspiraciones. Y es que, ya lo decía el militar, político estadounidense y Nobel de la Paz George Marshall: «el único modo de vencer en una guerra es evitándola».

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