Acumulando fuerzas


Entre las muchas claves que encierran los resultados de las elecciones del domingo están las que se relacionan con lo que se denominan las fuerzas emergentes, especialmente en el ámbito de la izquierda. La fundamental es que las candidaturas que se presentaron bajo la fórmula de unidad popular obtuvieron resultados mucho mejores que las presentadas por partidos. Los éxitos de Ahora Madrid, Barcelona en Comú y especialmente de las mareas contrastan con los buenos pero discretos resultados de las candidaturas de partido en las comunidades autónomas.

El mensaje es alto y claro. Una parte no menor de la ciudadanía ha decidido trasladar su indignación a las instituciones transformando la movilización social en representación política, ganando poder para cambiar la realidad. Y para eso el instrumento más útil es la lista unitaria de ciudadanos con el apoyo de los partidos y los movimientos sociales. Un dato lo demuestra: apenas la mitad de las personas que escogieron la papeleta de Manuela Carmena para el Ayuntamiento de Madrid votaron por la lista de Podemos a la Comunidad de Madrid. La expresión social y política de la resistencia a las políticas de austeridad y recortes es plural y por eso solo alcanza su máximo potencial electoral si se consigue la convergencia de todos en una lista compartida.

Galicia está en la vanguardia de ese proceso. Primero con AGE, que con su enorme éxito en las elecciones del 2012 abrió un camino por el que ya avanzan otras fuerzas. Y ahora con las mareas, un paso más en ese proceso de construcción de una alternativa popular a las políticas antisociales. La marea empezó a subir en las elecciones autonómicas del 2012, antes que en ningún otro lugar del Estado, y por eso alcanza precisamente aquí, especialmente en A Coruña y Santiago, su nivel más alto.

Es cierto que se trata de listas municipalistas, con nombres, orígenes y características diferentes, pero también que son la manifestación concreta de una profunda pulsión de cambio que va mucho más allá de lo local. Unidad para el cambio que será imparable si se suman al proceso de forma decidida las organizaciones y los movimientos sociales que han protagonizado las movilizaciones, desde las plataformas antidesahucios hasta las que defienden la enseñanza pública, la sanidad o los servicios sociales. Todos estos movimientos necesitan representación en las instituciones con fuerza suficiente para dar una respuesta positiva a sus demandas, pero también las alternativas electorales de los que quieren un modelo de sociedad distinto tienen que apoyarse en los procesos de movilización social y en quienes los representan.

La ilusión y la esperanza con las que muchos votaron las candidaturas unitarias, y por lo tanto los auténticos protagonistas de su éxito, se merecen que ningún sectarismo impida una fórmula similar en las elecciones generales del otoño próximo.

Votación
19 votos

Acumulando fuerzas