Ellos no quieren ser corruptos, ayúdalos


No se había visto nada igual desde aquel anuncio de 1984 que arrancaba con unas imágenes de Diego Armando Maradona jugando al fútbol en la playa con un grupo de chavales y concluía con el Pibe mirando a cámara y sentenciando: «Haceme un favor, disfrutá de la vida. Si te ofrecen drogas, simplemente di no». Escuchar a Susana Díaz proclamándose como adalid de la limpieza política mientras permite que sus dos antecesores en la presidencia de Andalucía conserven sus escaños y sus sueldos, sin suspenderlos siquiera temporalmente de su militancia en el PSOE, pese a estar imputados en el Supremo por un gigantesco fraude como el de los ERE, genera una sensación que se mueve entre el estupor y la vergüenza ajena. «Si todos queremos, acabaremos con la corrupción». No se sabe si la frase que le colocaron sus negros en el discurso es una versión mejorada de aquella candorosa campaña antiincendios que cantaba Serrat («Todos contra el fuego, todos contra el fuego, ayúdanos a luchar»), o se inspira directamente en la hipocresía de aquel célebre anuncio del Pelusa. A estas alturas, decirle a los ciudadanos que se va a acabar con la putrefacción política a base de frasecitas -«Si todos hacemos lo que decimos, acabaremos con la corrupción»- o banales declaraciones de intenciones -«Casos como los ERE o la formación no volverán a repetirse»- mientras se mantienen los cadáveres calentitos en el armario suena a tocomocho. Chaves y Griñán deberían haber dimitido hace ya mucho por su responsabilidad política en ese saqueo, al margen de que el Supremo encaje o no su actuación en un concreto tipo penal.

Y, sin embargo, es precisamente al partido que se anuncia como el desinfectante de la política española al que parece que le ha bastado ese infantil propósito de la enmienda de Susana Díaz para ponerse a su servicio y permitir su investidura a cambio de nada. Poco le ha durado a Ciudadanos su exigencia de que Manuel Chaves y José Antonio Griñán dimitan de sus cargos como condición ineludible para hablar de investidura. «Si no echa a Griñán y Chaves, ni cogeremos el teléfono», dijo Rivera. Al final, ni siquiera le ha hecho falta que Díaz se comprometa a no incluirlos en sus listas futuras. Le ha bastado que sean los propios imputados los que anuncien cómo y cuándo quieren poner fin a su carrera política, sin asumir culpa o responsabilidad alguna.

A Díaz le cabe al menos la disculpa de que el PP, que no está precisamente para dar lecciones sobre corrupción cuando un juez le acusa de pagar su sede -¡su sede!- en dinero negro, sea todavía más incongruente. Después de desgañitarse clamando que siempre debe facilitarse el gobierno del más votado, se muestra dispuesto a bloquear la investidura. De momento, el único partido coherente es Podemos. Hoy no, y mañana tampoco, a facilitar que gobierne la casta. Veremos cuánto le dura la pose. Mientras tanto, y por si acaso, hay que recordar que poco después de aquel anuncio, Maradona fue detenido por tenencia de drogas.

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