La centralidad: Podemos y Ciudadanos


Razonaba en estas mismas páginas hace algunos meses que uno de los efectos de la prolongada crisis que padecemos habría sido la segmentación de la otrora amplia clase media española en dos partes bien diferenciadas.

Por un lado, una mayoría de hogares que paulatinamente habría visto reducir sus ingresos mensuales o el número de miembros con trabajo y, al mismo tiempo, como sus hijos prolongaban su situación de dependencia o eran arrojados a una emigración de trabajos precarios.

Por otro, una minoría de empleados altamente cualificados que aún podrían mantener un cierto nivel de ahorro y sus empleos seguros, aunque -también en este caso- nada asegurase que sus hijos no menos cualificados evitasen la emigración o un trabajo mal remunerado.

Aquella mayoría compartiría una posición subalterna con amplias capas de pensionistas y de parados que comprueban, día sí y día también, cómo las consecuencias de la crisis afectan a sus rentas, impuestos y bienestar social (sanitario, educativo, prestaciones, etcétera).

Mientras que la parte minoritaria de la clase media que mantiene su estatus tendría como referentes sociales a aquellos sectores (empresariales, profesionales o rentistas) que para resumir nombramos como el mundo del IBEX 35.

Si a esta segmentación económica añadimos la paralela desafección política hacia dos alternativas (PSOE y PP) que demostraron -por activa y por pasiva- no tener entre manos un plan alternativo al de los intereses financieros y de los carteles empresariales del país, el resultado será una combinación de la destrucción de la clase media con la debacle de los abducidos y corrompidos por el poderoso caballero don dinero.

Este es el escenario en el que jóvenes airados, militantes a la izquierda del PSOE, dieron forma al partido Podemos. Reconociendo la quiebra de la clase media y trabajadora, y planteando como asunto central la defensa, por parte del Estado, del bienestar social y la recuperación del trabajo digno. Un Estado gestionado por la agenda social de los de abajo.

Claro que muy pronto se percataron los del IBEX 35, y de la minoritaria clase media superviviente, que una vez quemadas en su gestión de la crisis las opciones del PP y PSOE, era necesaria una nueva oferta política que prometiese «reconstruir las clases media y trabajadora». Hacerlo con menos Estado y más mercado, vendiendo la pipa de que con un pastel mayor a todos llegará su parte de bienestar. Y de las cercanías del PP surge Ciudadanos.

En los próximos meses veremos quién se lleva la centralidad al agua. Si un populismo de las élites o un populismo callejero. Si será el mercado el que refuerce el mando (con un sector público anoréxico), o será el Estado el que ponga en su sitio a unos pocos y no renuncie a asumir aquellas cosas que peligran para la mayoría.

Para no picar en el timo de la estampita conviene saber que sea el modelo Dinamarca (Ciudadanos) o Suecia (Podemos) nos faltan más de diez puntos sobre el PIB de ingresos públicos.

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