Las lecciones políticas de un gran funeral


Alemania es, como España, una democracia avanzada. También es, como España, un estado laico, que respeta la libertad religiosa y establece sus normas políticas sobre amplios consensos. La cultura alemana, como la española, es de fuerte inspiración cristiana, que se hace visible en los monumentos, la literatura, los valores y usos sociales, las instituciones jurídicas y los hábitos familiares. Cerca del 70 % de los alemanes se confiesan cristianos, como en España, aunque allí se reparten casi por igual entre la Iglesia católica (50 %), y las iglesias protestantes (48,5 %). El 1,5 % son ortodoxos. Pero las iglesias cristianas alemanas, al igual que el catolicismo en España, están atravesando una fuerte crisis de práctica religiosa, que a veces se traduce en una deteriorada imagen de sus jerarquías eclesiásticas.

Pero entre Alemania y España, que tan iguales parecen, hay dos grandes diferencias. Que nosotros tenemos unos estamentos políticos y partidarios fuertemente acomplejados y llenos de atavismos históricos, y ellos no. Y que, mientras en Alemania sigue habiendo un buen nivel de cultura religiosa, que les permite saber en qué consiste la laicidad de una democracia asentada sobre ciudadanos mayoritariamente cristianos, nosotros estamos dirigidos por una pandilla de ignorantes que creen que el laicismo es lo mismo que el ateísmo y la descristianización activa, y que, en el ánimo de huir de la contaminación religiosa, son capaces de adoptar formas y protocolos que se enfrentan radicalmente con lo que es costumbre común entre los ciudadanos.

Por eso Alemania acaba de darnos una inmensa lección con la celebración del funeral de Estado por los 150 fallecidos en el accidente del Airbus de Germanwings. Porque, lejos de irse a un frío aeropuerto con sus osos de peluche, para recitar cuatro versos escritos para otra ocasión y contexto, se convocaron en el mayor y más espectacular de sus templos -la catedral católica de Colonia-, rezaron juntos por sus muertos, cantaron sus más sentidos responsos y su réquiem más solemne, y, poniéndose los políticos en segundo lugar, dejaron que el cardenal Rainer María Wolkier -titular católico de Colonia- y la reverenda Annette Kuschus, presidenta de la Iglesia luterana de Renania-Westfalia, condujesen la ceremonia por el recuerdo y la salvación de los muertos. Para que nada faltase, cantaron juntos católicos y protestantes, oficiaron juntos un hombre y una mujer, e iniciaron la ceremonia con la expresa inclusión de Andreas Lubitz -cuya vela encendió Wolkier- en las oraciones comunes.

¿Y por qué lo hicieron así? Porque allí no están acomplejados, y porque la práctica totalidad de los alemanes -igual que los españoles- entierran así a sus muertos. Y por eso -porque son lógicos y auténticos- también son un país tan grande y admirable. Amén.

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