Un personaje de novela en Rusia

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

16 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Rusia necesita ser grande. Está en el interior de sus huesos. El alma rusa no cabe ni en los novelones geniales de Tolstói o de Dostoievski. La historia de Rusia está plagada de crímenes y castigos. Y el personaje de novela que parece que Rusia necesita es Putin. Así lo ha asumido este hombre que, como buen agente de espionaje que fue, cuenta por delante una cosa y otra por detrás. Nunca hace con su mano derecha lo que está hilando la izquierda. Así está haciendo con Crimea. Y Europa y Estados Unidos miran para él. Putin, cuando recibió el poder de Yeltsin, decía que él solo era un experto en relaciones humanas. Pero el tiempo ha demostrado que es mucho más. Es un zar, aun en los tiempos que corren. Yeltsin le dijo: «Cuida de Rusia», y Putin se ha tomado en serio cuidar, primero de sí mismo, y luego de Rusia. El hombre al mando en Moscú sabe que, para cuidar de su país, tiene que amenazar y atacar. Y es lo que hace. Dice un experto en política que, cuando en Occidente nos preguntamos si Putin es un demócrata, la respuesta podría ser que es un demócrata en el mismo sentido que lo era Berlusconi. Putin es KGB. Y todo lo que no es elogio, lo toma como amenaza, cuenta David Remnick, periodista norteamericano y ganador del Pulitzer experto en Moscú. Jamás debería olvidar Occidente que quien tiene el poder absoluto en Rusia es un hombre que pasó hambre, como sus padres, y que de niño vivió en una casa en la que tenía que perseguir a las ratas con escobas de lo grandes que eran. El dirigente ruso sabe que ya no tiene poder para ir de frente. Pero aprendió bien que todavía tiene mucho poder para ir por detrás. Como en Crimea. Y que el mundo siga temiendo sus misiles.