Rosa Díez y UPyD: los modos y las modas


Lo bueno de tener plena libertad para escribir en un periódico -y yo la disfruto en La Voz desde hace mas de veinte años gracias a la generosidad intelectual de un editor insólito en España- es, entre otras cosas, que uno puede opinar contra corriente. Será lo que, con permiso del lector, haré seguidamente.

UPyD se desangra a borbotones y, según era de esperar conociendo este país, son legión los que se aprestan a hacer astillas del árbol a punto de caer. De esta forma, el partido creado por Rosa Díez y un puñado de personas provenientes en su mayoría de la izquierda cuando, hace siete años, llegaron a la conclusión de que resultaba indispensable un espacio de concordia entre el PSOE y el PP -ambos incapaces de ver más allá de sus narices-, se convierte de pronto en el apestado del que huye todo el mundo y con el que nadie desea ser relacionado.

Solo así se explica que muchos de los que hoy zurran a UPyD sean los que antes lo ensalzaron como la gran novedad de la política democrática española. Que se preparen, por tanto, los que ahora, impulsados por las modas, han pasado a ocupar su lugar en los halagos, pues quizá no tarden en verse en la misma situación: la de aquellos de quienes solo se destacan los errores y a quienes se les niega cualquier mérito.

Para que quede claro: creo que la dirección de UPyD erró en los modos claramente. Sí, creo que debió haber llegado a un acuerdo de fusión o coalición con Ciudadanos; que se equivocó, por un claro exceso de personalismo de su líder, al hacer depender casi por completo de Díez el partido del que ella fue impulsora principal; y, en fin, que, una vez comenzada la previsible desbandada general, su resistencia numantina es el camino para que la historia de UPyD acabe como el rosario de la aurora.

Pero todo ello no me impide constatar que Rosa es una política valerosa, que luchó contra ETA cuando hacerlo era jugarse la vida y renunciar a la tranquilidad personal y familiar, y que dejó el PSOE con admirable dignidad y en pleno éxito (2007) para meterse en la incierta aventura de crear una fuerza política que fue la primera en colocar en la agenda nacional muchos asuntos que creen haber inventado Iglesias y Rivera: desde la renovación de la democracia española a la revisión del sistema autonómico, pasando por la denuncia sin tapujos de la corrupción, sin tacticismo o sectarismo de partido, o por la valiente rebelión contra los desvaríos de los nacionalistas, sobre los que callan quienes se han beneficiado -o piensan hacerlo- de su apoyo.

UPyD da quizá sus últimas boqueadas. Pero es muy probable que no tardemos en echar de menos su seriedad y sentido del Estado, visto lo que se nos viene encima. Sé que decirlo es ahora impopular. Pero ese es el vicio de quienes estamos acostumbrados a pensar por nuestra cuenta.

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