Obscena asimetría


Dos lectoras de este periódico denunciaban ayer y anteayer en sendas cartas al director el poco eco que ha tenido la masacre de la Universidad de Garissa. Me uno a ella en esa denuncia. Y al papa Francisco, quien el Viernes Santo lamentó este silencio cómplice y no dudó en comparar el Calvario de Jesús de Nazaret con lo que en los últimos meses están viviendo en sus carnes miles de cristianos a causa de su fe, masacrados por terroristas islámicos.

Los 147 estudiantes kenianos asesinados por Al Shabab tenían todo el futuro por delante. Un futuro abruptamente truncado por la barbarie y el sinsentido. Estudiar para ellos era un lujo que no querían desaprovechar, la oportunidad de abrirse a un mundo con mayores y mejores oportunidades. Lo más triste es que todas esas historias personales parecen valer menos que las de otras tragedias acaecidas en Europa o en EE.UU. Sus historias no ocupan portadas durante días, ni merecen tertulias acaloradas sobre las causas de lo sucedido, ni se recaudan 30 millones de euros en ventas millonarias, suscripciones masivas y donativos de solidaridad como ha sucedido con la revista Charlie Hebdo. Habrá incluso quien se sorprenda de que en África haya universidades.

Hoy, desde esta columna, un pequeño gesto de memoria, recuerdo y homenaje a esos 147 estudiantes de Garissa, que tenían nombre y apellido, montones de sueños y unas familias que están sufriendo lo indecible.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
83 votos

Obscena asimetría