Días de sangre


La verdad es que cuando uno lee las noticias del acuerdo entre Irán y Obama sobre la energía nuclear, a uno le viene a la cabeza el cowboy de Stanley Kubrik que cabalga sobre una bomba. La amenaza nuclear se ha vuelto algo antiguo, como del No-do, y desde el Enola Gay y su Baby boy, algo absolutamente innecesario. Ya solo hablan de la amenaza nuclear tipos como el gordito de Corea del Norte y el gordito español que lo defiende. Pero quién quiere romper átomos pudiendo rebanar gargantas con un cuchillo jamonero; quién cabalgar cohetes pudiendo estrellar un avión de línea; quién, en fin, apretar botones rojos cuando puede vaciar una metralleta sobre ciento cincuenta estudiantes africanos. Lo único que me asombra de la firma del acuerdo entre estos dos viejos enemigos es que Israel está descubriendo las cosas que le unen con Palestina. Ahora, Netanyahu pide ¡que se reconozca el Estado de Israel! Es cierto que estamos viviendo un regreso a la Edad Media, y que los sucesos sanguinarios, digamos, artesanales, se repiten todos los días. El islamismo radical conserva manifestaciones ancestrales profundamente arraigadas en nuestra sociedad, como el asesinato de la mujer adúltera o los latigazos en las manifestaciones religiosas, que contaba tan bien John Dos Passos en su Orient Express, y que aquí vemos en el telediario. Algo está pasándonos por encima que nos deja indefensos y desconcertados. Porque nos habíamos preparado para vivir en el siglo XXI y resulta que todavía estamos en el XIX.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
10 votos

Días de sangre