Doble fila


El más encarnizado aguijón que muerde en la carne del tráfico urbano es el estacionamiento de vehículos en doble fila, que multiplica sus efectos negativos al paso de los años. Es enemigo a batir en cualquier programa de actuaciones que dicten las autoridades municipales y de ahí las proclamas más o menos frecuentes y grandilocuentes en defensa de la movilidad y la sostenibilidad urbana y la explícita condena de los efectos perversos de la doble fila.

Las normas parecen limitarse a prohibir el estacionamiento en doble fila considerando la acción como falta leve. Otra cosa es que la conjugación de varios preceptos pueda elevar la falta a la categoría de grave. La falta conforma el apoderamiento de un espacio destinado a la circulación de vehículos, impide el uso común del carril o la salida de vehículos estacionados y genera maniobras peligrosas. Al cabo del tiempo, la doble fila mantiene su rango de «enemigo público».

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