Nicolás se cayó de Maduro


Son muchos los intereses económicos de España en Venezuela, de quien fuimos su mayor socio comercial, con EE.UU., durante los gobiernos de Aznar y Zapatero, pero en esta legislatura nuestras exportaciones han descendido un 40 %. Parece que España se entendía mejor con Chávez que con su sucesor, Maduro, que tras una irrelevante trayectoria privada, llegó a la vicepresidencia de la nación y fue elegido sucesor durante la enfermedad terminal del creador de la República Bolivariana. Tras pasar por las urnas en el 2013, Venezuela quedó fracturada en dos con el 51 % de los votos para Maduro y el 49 % para su opositor, Capriles. 

La gestión de Maduro ha sido desastrosa. Faltan medicamentos y suministros médicos en un sistema de salud irreconocible. La política internacional es pura confrontación. Ha dedicado casi 1.800 millones de bolívares del erario público para la promoción de «los logros del Gobierno». Ha aumentado la inflación, escasean los bienes de consumo, las protestas populares son constantes, la criminalidad y la corrupción en organismos públicos va en aumento y el Gobierno es incapaz de resolver el día a día de su pueblo, achacando todo a la caída de los precios del petróleo y a una conspiración internacional contra la persona del presidente. Para rematar el tétrico panorama «la situación de restricciones a la libertad de expresión, las violaciones de derechos humanos y los abusos en respuesta a protestas antigubernamentales, así como la creciente presencia de una corrupción pública significativa en el país vecino» ha motivado la declaración de «emergencia nacional» por el presidente Obama.

¿Y dónde ha quedado España en este panorama de relaciones estratégicas con el continente americano? 

Todo parece indicar que estamos fuera de juego, con el paso cambiado ante la nueva política norteamericana hacia Cuba y Venezuela; olvidada la diplomacia pública que llevaban a cabo el Instituto Cervantes en Brasil y EE.UU.; y desatendidas las relaciones multilaterales con el Mercosur y los países emergentes de la comunidad iberoamericana. Ahora se nos dice que Felipe González se ha puesto al servicio de los intereses de España en Venezuela para asesorar a la defensa de los opositores a Maduro que han sido encarcelados. Es de suponer que será a cambio de garantías y seguridad jurídica para las empresas españolas en aquel escenario cambiante, amén de procurar una mejor imagen como defensor de derechos y libertades. Crucemos los dedos.

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