La fascinante Santa Teresa


El próximo 28 de marzo celebraremos el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa. Como bien escribe Joseph Pérez, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2014, en su libro Teresa de Ávila y la España de su tiempo, el franquismo le hizo el peor servicio a Teresa de Ávila al proclamarla Santa de la raza. Hasta 1936, los liberales españoles y los herederos de su doctrina, incluso cuando incurrían en el más salvaje anticlericalismo, jamás dejaron de admirar a Isabel la Católica, una mujer de unas cualidades prodigiosas, y a Teresa de Ávila, cuya vida fascinará a cualquier persona que se acerque a conocerla sin prejuicios ideológicos. La izquierda republicana anterior a 1936 veía en Isabel la Católica a la reina que había logrado que España llegara a ser una potencia de alcance mundial. Por eso, desviaba la vista cuando recordaba que Isabel la Católica había creado la Inquisición y había expulsado a los judíos. Los liberales españoles también admiraron a Teresa de Ávila, una escritora tan de primer nivel que ahora que estoy leyendo su Libro de la Vida, su genial autobiografía, con frecuencia pienso que la excelsa calidad de su prosa está apenas tres milímetros por debajo de la calidad del Quijote de Cervantes. Por tanto, uno podía estar adscrito a la izquierda sin que por ello tuviera que maldecir el día que nacieron Isabel la Católica y Teresa de Ávila. ¿Pero hoy se imagina alguien al socialista Pedro Sánchez reivindicando a Teresa de Ávila, escritora, fundadora de 17 conventos y mística que alucinaba con las potentísimas drogas de la oración y de unos azotes con ortigas en la espalda?

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