La honra y el barco de Pujol


Me cuesta tanto admitir que un jefe de Gobierno utiliza su poder para enriquecerse de forma fraudulenta, que nunca pude creer que Jordi Pujol lo hubiese hecho. Se han dado cifras tan dispares (y disparatadas) de los negocios, patrimonio y cuentas bancarias de la familia Pujol en paraísos fiscales que he perdido la credibilidad en esas noticias. Y los hijos del señor Pujol han hecho tal ostentación (al menos publicada) de bienes, negocios y lujos, que no consigo salir de una disyuntiva mental: o mienten muchas de esas informaciones, o esos señores son unos nuevos ricos presuntuosos y desvergonzados, o son unos torpes ambiciosos que no han tenido ni la mínima astucia de disimular su riqueza para evitar el escándalo y la persecución política y judicial. Ayer, las tres cabezas más visibles de la saga -Pujol-padre, su hijo Jordi y la matriarca Marta Ferrusola- tuvieron la oportunidad de convencer a quienes, como este cronista, todavía dejamos abierta una mínima oportunidad a la duda. Era el día para que Pujol enseñase de una puñetera vez el testamento al que aludió en su primera revelación. Era el día para que su esposa mostrase el documento que justifica el legado y de cuya existencia habló su marido ante el juez. Y era el día para que quien fue Honorable con mayúscula de tratamiento intentase recuperar el honor perdido. El señor Pujol sabe muy bien cómo se hace eso: con información. Con toda la información. Inundando los escaños de información. Hasta caer extenuado. Hasta cansar a los diputados y a los periodistas. Su honra vilipendiada y el prestigio de la institución que presidió bien merecían ese esfuerzo. Y Pujol, insisto, lo sabe.

Sin embargo no lo hizo. Ni su esposa, de escasa memoria. Las palabras del cabeza de familia o jefe del clan, como merece que se le llame, han sido una continua remisión a lo ya dicho en la misma sede o lo declarado ante el juez. No presentaron ni un solo papel. Es como si se recrearan en el regodeo de que nadie podrá demostrar nada, salvo el dinero del legado paterno. «Se puede decir todo, pero no se demuestra nada», fue una de sus frases y ha sonado como un reto a la capacidad de investigación de la Policía, de la Guardia Civil, de la Justicia, de la prensa y del propio Parlamento. Solo hubo seguridad al reafirmar que el dinero de la herencia no procede de fondos públicos, pero no al hablar del resto del patrimonio. Creo que Pujol se da por condenado. Devaluada su honra, quiere salvar el barco: «No me preocupa mi persona; estos 23 años serán juzgados positivamente». Consigna: salvar el dinero con la técnica del secreto y con el escudo de su obra en la Generalitat. Como si el dinero y el balance de gobierno se pudiesen separar.

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