¿Ha sido un año bueno en películas?


De la primera imagen poderosa con el presentador rodeado de los rostros de los candidatos y figuras del Óscar al vestido que dejaba ver casi todo, menos lo justo, de Irina. Del presentador en calzoncillos a los Óscar de Lego. Del premio más cantado y más merecido de la noche a Julianne Moore a Lady Gaga junto a Julie Andrews en el medio siglo de Sonrisas y lágrimas. Si el futuro es Lady Gaga, que vuelvan ya Ella Fitzgerald y Billie Holiday. De Meryl Streep dando paso a los que se fueron con las lágrimas más emotivas sobre el rostro de Robin Williams, entre tantos otros, a los eufóricos triunfadores por mi favorita, Big Hero 6. En la gala, como siempre, hubo de todo y para todos. Todo muy medido. Y muy comedido. Si no hay lugar para la improvisación en Hollywood, ¿qué nos espera en el resto del planeta? Pero es que el negocio es el negocio, aunque sea gracias al ocio. La pregunta relevante es: ¿ha sido un año bueno en películas? Ganar, ganó Birdman, pero ¿es Birdman de esos filmes que no se olvidan? ¿O es un brillante mezcla de un poco de Woody Allen (que es mucho) pasado por la batidora de intenso de Iñárritu? En los Óscar sucede como en todos los premios: hay años, como en las cosechas, excelentes, para la Historia; y otros, donde la pelea flojea. No ha sido una edición coronando a Memorias de África, a La lista de Schlinder, a Titanic, a hasta El señor de los anillos o a esa genialidad increíble de The Artist. Pero la resurrección de Michael Keaton bien se merecía el altar de mejor película, aunque él se haya quedado sin su tío Óscar. Como Edward Norton. Pero es que tampoco DiCaprio, Johnny Depp o Ralph Fiennes saben lo que es ganar. Caprichos de las cosechas.

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