La quiebra social de España


El derrumbe financiero y de las cuentas públicas asociado a la burbuja inmobiliaria española ha puesto de manifiesto en los últimos siete años que los gestores políticos de las mismas (populares y socialistas) han sido incapaces de plantear al país algo distinto que el desmantelamiento del Estado social. La terapia de los creyentes en la liberación por los mercados.

Es así que el concepto de trabajo digno, o de derechos laborales, ha sucumbido en aras de la entrañable competitividad; y es así que los millones de trabajadores que entran y salen en el mercado han convertido a un mileurista en un privilegiado, las jornadas en interminables o caprichosas y la vida laboral en cientos de papeles. Esos millones observan perplejos cómo otros trabajadores aún viven en un mundo de trabajo y salarios dignos a extinguir. Una primera y profunda quiebra social.

Junto a estos, y en ocasiones rotando con ellos, están los millones de desempleados que ven pasar los años en esa condición sin que la protección por desempleo se dé por aludida y sin ningún programa de recualificación. Sobre todo los de mayor edad, pero también jóvenes sobradamente preparados para empleos que en España no se esperan, y que solo algunos consiguen emigrando al extranjero después de trabajar en lo que salga.

Es esta una segunda quiebra social que, junto a la primera, explica que en España las personas en riesgo de pobreza o exclusión ronden los trece millones. Son muchos ciudadanos, y votantes, para los que se ha roto el tablero. Para los que se ha esfumado la escalera social.

Luego están los muchos pensionistas que han tenido que asumir un deterioro paulatino de su calidad de vida y, aún peor, todos los menores de treinta años a los que no salen las cuentas para alcanzar esa cobertura social en su momento. Esta quiebra del pacto intergeneracional en protección social se vende como insostenibilidad de un sistema del que solo se salvarán los que espabilen con un plan privado. Y sucede más de lo mismo con la cobertura sanitaria, dode los tratamientos van cayendo del lado del que pueda pagárselos. Una tercera quiebra social.

Añádase a todo ello que el agente capaz de enfrentar esos retos (el Estado Social) ha sido canibalizado y parasitado por rumbosos empresarios que o bien han colocado amiguetes en sus puestos de mando (puertas giratorias) o bien han hecho amiguetes entre los encargados de no tenerlos. En los juzgados tenemos ahora una pequeña parte de este pastel. Una cuarta quiebra social con la que, de paso que se hace pillaje y fraude fiscal, se deslegitima la única herramienta capaz de vertebrar la sociedad.

No voy a seguir con la lista. Ya con esto es patente que la nación deja de ser el espacio de cohesión que se suponía. Para los creyentes en los mercados es Jauja: el espacio para apañar y luego evadir. Solo necesitan un Estado capataz que les permita ambas cosas y se desentienda de algo tan trasnochado y caro (para sus bolsillos) como la cohesión nacional. Es así como desaparece la clase media y es entonces que millones de excluidos e indignados reclaman, con nuevas alternativas políticas, las promesas incumplidas. Es lo que hay.

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