La Universidad y el horario de las gallinas


M ás de una vez habrán leído en estas páginas críticas al denominado Plan Bolonia, cuya implantación se completó en el curso 2010-2011. El plan tenía como finalidad la adaptación y unificación de criterios educativos en todas las universidades europeas, homogeneizando titulaciones, calendarios, etcétera, con el fin de construir el denominado Espacio Europeo de Educación Superior.

A pesar de su reciente implantación, conviene recordar que todavía coexiste con planes anteriores, ya existe un alto nivel de consenso en que su desarrollo ha sido un fracaso. Por citar solo algunos aspectos, el plan no ha ido acompañado de un esfuerzo presupuestario; más bien al contrario, introduce un calendario académico demencial o unifica el tiempo de estudio de los alumnos, de lo que alguien ha dicho que es tan absurdo como pretender unificar el horario en el que cantan las gallinas.

Pues bien, todavía no repuestos del impacto de su implantación, el Gobierno pretende ahora modificar la estructura de las titulaciones pasando de los cuatro años para obtener el título de grado a los tres años y, consecuentemente, ampliando la duración de los másteres de un año a dos. No está de más recordar al respecto que la primera consecuencia de esta modificación es un incremento del coste de la educación superior para los alumnos, ya que los másteres son sustancialmente más caros que los cursos de grado, como ha reconocido el propio ministro.

Una vez más se afirma que esta nueva modificación es para unificar las titulaciones a nivel europeo, algo que ya nos vendieron con el Plan Bolonia, obviando que hay universidades, como las de Cambridge u Oxford, que no lo aplicaron, países que excluyeron titulaciones, como Derecho en las universidades italianas, o no implantaron el modelo de grado de Bolonia, como Francia. Lejos de ese objetivo, si lo declarado por la secretaria de Estado respecto a la implantación voluntaria es cierto, el nuevo plan complicará la movilidad, al posibilitar la aparición de diferentes sistemas universitarios en cada comunidad autónoma.

Para mayor escarnio, el ministerio y sus terminales autonómicas se han despachado diciendo que las familias ahorrarán con el nuevo sistema porque «es menos costosa una carrera de tres años que una de cuatro». No hace falta decir, y es mi revolucionaria propuesta, que se podrían implantar carreras de un año, o incluso de menor duración, para ayudar así a las familias con menos recursos.

La nueva propuesta cuenta con la oposición de todos los sectores educativos y de grupos políticos y sociales, que consideran prioritario evaluar adecuadamente el sistema actualmente en vigor, valorar sus resultados y corregir los errores cometidos, antes de abordar cualquier tipo de reforma. Sin embargo, se opta por una huida hacia delante sin plantearse problemas como la financiación de las universidades, la reforma de los mapas de titulaciones o los mecanismos de contratación del profesorado.

Así las cosas, y esta es obviamente una opinión personal, la implantación exprés de la nueva reforma solo puede pretender reducir la inversión en la educación universitaria pública y expulsar a los alumnos sin recursos del segundo ciclo de educación superior. Dicho de forma más clara, en vez de unificar el horario de las gallinas el ministro pretende que muchas dejen cantar.

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