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La crítica no es racismo y es necesaria

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

13 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El 11 de septiembre del 2001, casi 3.000 personas murieron en Nueva York asesinadas por la organización terrorista islamista Al Qaida. Al día siguiente, el periódico español de mayor tirada tituló a cinco columnas: «El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush». En el antetítulo, en caracteres mucho más pequeños, se decía que «EE. UU. sufre el peor ataque de su historia». Y, ya en el subtítulo, con letra menuda: «Miles de muertos entre los escombros de las Torres». No fue el único diario europeo que ordenó la información de manera tan ilógica.

Trece años después, la historia se repite, aunque ahora la barbarie se produce en Europa. Cuatro terroristas asesinan en París a 17 personas al grito de «Alá es grande» y el debate que se abre no es el de la infiltración del islamismo violento en nuestras ciudades o el de cómo es posible que personas que nacen y viven en Europa sean adoctrinadas aquí para acabar asesinando en nombre del islam. No. El debate que acapara el análisis es el del auge de la islamofobia. De nuevo, la alerta ante las posibles represalias por el atentado prima sobre las críticas a sus autores y el análisis de sus causas.

Los propios terroristas claman que asesinan a sus víctimas para vengar las ofensas a Mahoma, pero los analistas nos insisten en que esto no tiene nada que ver con el islam. Por supuesto que tiene que ver con el islam, aunque eso no signifique en absoluto que los musulmanes sean responsables. Como no lo son los nacionalistas vascos de los crímenes que ETA comete para reivindicar la nación vasca que ellos llaman Euskal Herria. Pero claro que esos atentados tienen que ver con el nacionalismo vasco. Y tampoco son culpables los judíos de las barbaridades que ejecuta el Estado de Israel, aunque eso aliente una ola de antisemitismo que, esta sí, a nadie parece importarle.