El infierno político comienza mañana


Ignoro si, en lo económico, el año 2015 será esa arcadia feliz de la recuperación que nos pinta Rajoy. Pero de lo que no me cabe ninguna duda es de que, en lo político, el año que comienza inmediatamente después de que mañana nos tomemos las uvas será infinitamente peor que el que acabamos de cerrar, por difícil que pueda parecer. Y ello es así porque, aunque el discurso político en España se haya degradado en el 2014 hasta extremos inimaginables de zafiedad argumental, el hecho de que el 2015 vaya a ser un año previsiblemente cargado de citas con las urnas hace que las perspectivas sean directamente atroces. Tenemos elecciones ineludibles en las municipales y autonómicas del mes de mayo; casi seguras en las generales de noviembre; más que probables en Cataluña en algún momento del año y muy posibles en Andalucía por mor de un adelanto. Así que agárrense, que vienen curvas.

Nos queda al menos el consuelo de que, aunque tengamos que pasar más de la mitad del año sumergidos en esa especie de tortura intelectual que suponen las campañas electorales, con sus correspondientes precampañas y su orgía de mítines, nos vamos a divertir. Estamos acostumbrados a que los discursos políticos de todos los partidos, de izquierda, de derecha, de centro, nacionalistas o lo que sea, se reduzcan a la táctica pedestre de arrojar piedras contra el Gobierno de turno, culpándolo de todos los males habidos y por haber, y a que este diga que todo lo hace bien y los demás son muy malos. A eso nos habían conducido casi 40 años de aburguesado bipartidismo. Pero ha bastado la ruptura de ese marco con la irrupción de Podemos, para que las fuerzas políticas pierdan la referencia y se instalen en un temerario todos contra todos.

Y así, por ejemplo, Pedro Sánchez comprueba que el librito de instrucciones que le dejó Rubalcaba, en el que le decía que el truco es atizarle siempre al PP y decir que sí pero no a todo lo demás, ya no le vale. El nuevo secretario general del PSOE se ve obligado a dividir su tiempo y sus energías repartiendo mandobles a partes iguales entre Podemos y el PP. Algo similar le ocurre a un Mariano Rajoy que se las prometía muy felices con el ascenso de los de Pablo Iglesias, pero comprueba ahora que el asunto se le ha ido de las manos hasta amenazar su propia supervivencia. Un Rajoy que se ve obligado a cuidar al líder del PSOE para que no lo arrastre en su caída. Y también, además, a pulir su discurso feroz en Cataluña para que lo malo para sus intereses (CiU), no sea sustituido por lo peor (ERC).

Pero también a Artur Mas se le acaba el chollo del Madrid nos roba y la culpa de todo es de Mariano. Los nacionalistas, que saludaron también alegres la llegada de Podemos como un aliado más, constatan ahora que es en realidad su peor enemigo. Y así, para CiU, para ERC y hasta para la CUP, Iglesias ha pasado de ser el mesías a ser directamente Belcebú. Nos espera un año de infierno político convertido en puro mitin. Pero, al menos, no nos vamos a aburrir.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
47 votos

El infierno político comienza mañana