La escoba mágica de Podemos


Las brujas tienen una escoba mágica, según sabe todo el mundo. Pablo Iglesias tiene otra. El día que fue elegido por la asamblea de Podemos máxima autoridad de su partido prometió solemnemente entrar a saco en la política controlada por la casta para barrer, escoba en mano, las inmundicias del poder tradicional que se reparten todos los políticos instalados, que son, según él, todos salvo los que militan en Podemos. Como la corrupción campa a sus anchas por doquier es explicable, claro está, que esa promesa fuese acogida con entusiasmo por todos los que no la escucharon con el natural escepticismo que provoca el berroqueño convencimiento de los mandamases de Podemos sobre su segura victoria en las próximas elecciones generales.

Pocos días después de esa promesa de higienizar a escobazo limpio (¡y nunca mejor dicho!) la política española, a Pablo Iglesias se le presentó una ocasión de oro para demostrar la solidez de su voluntad de convertirse en nuestro insobornable Mister Proper. Íñigo Errejón, su número dos, se vio envuelto en un asunto que no puede ser más feo: el cobro durante meses de una beca suculenta para colaborar en un proyecto universitario dirigido curiosamente por otro miembro de Podemos, proyecto en el que el becario no habría colaborado en realidad. Además, mientras la convocatoria de la beca exigía, de hecho, la presencia física de Errejón en la Universidad de Málaga y resultaba incompatible con cualquier otra remuneración, lo cierto es que Errejón habría incumplido ambos requisitos.

De la gravedad de la situación deja constancia el hecho de que la Universidad de Málaga decidiera suspender a Errejón cautelarmente de empleo y sueldo y abrir sendos expedientes disciplinarios al becario y al director del proyecto para el que este trabajaba: es decir, no trabajaba.

¿Qué hizo ante estos hechos Pablo Iglesias? Es fácil: nada en absoluto. El líder de Podemos se limitó a actuar como lo hubieran hecho la mayoría de los otros dirigentes de partido: negando las acusaciones, mostrando su plena confianza en Errejón y aplicando el «y tú más», es decir, poniendo de relieve que acusar a Errejón cuando en España ocurre lo que ocurre es una indecencia.

No seré yo quien niegue que el caso Errejón comparado con el de los ERE o el de Bárcenas constituye una minucia. Pero no es esa la cuestión: el fondo del problema es si cabe esperar que actúe con los suyos con dureza en asuntos de los que puede depender su futuro político un dirigente de partido que es incapaz de hacerlo ante el primer escándalo interno con el que tiene que lidiar. Que cada lector juzgue por sí mismo.

Sí, las brujas tienen escobas mágicas, que les permiten viajar por las estrellas. Pablo Iglesias tiene otra: una que barre solo para un lado. Un auténtico prodigio.

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