¿Pueden ayudar en Mali?


Hoy está siendo un día bastante decepcionante con las noticias sobre el ébola. Si bien la Organización Mundial de la Salud observa algún síntoma de mejoría en Liberia y Guinea, donde la transmisión del virus parece ralentizarse, es evidente que ha saltado con fuerza hacia Mali, donde ya hay ocho muertos, entre ellos un médico de una clínica de Bamako. Además, va ser repatriada una médica española, cooperante de Médicos Sin Fronteras, que se ha pinchado con una aguja mientras atendía a un enfermo de ébola. Son malas nuevas porque los partes de bajas siguen avanzando de cien en cien. Ya estamos en casi 5.500 muertos y hasta diciembre se pueden acelerar las cifras de muertos, tal como predijo la OMS, que sigue reclamando a Europa «miles» de médicos y sanitarios para contener una epidemia que supera los 15.000 afectados.

Por toda esta gravedad queda fuera de lugar, por calificarlo de algún modo, ese anuncio del ministro de Defensa de España, Pedro Morenés, de la condecoración de los militares que participaron en la repatriación de los religiosos Pajares y García Viejo. No les negaré yo el mérito ni el distintivo blanco a esos aviadores de la Unidad Médica de Aeroevacuación pero, seguramente, es lo que se espera de ellos. Es su trabajo, al igual que el del comandante médico, el capitán enfermero, los auxiliares de la tropa... Cuando el ministerio de nuestra Defensa habla de traslados avanzados, tácticos y estratégicos y airea la fortaleza de sus unidades volantes, queda un poco mal olvidar que tardará aún un tiempo en tener disponible una planta del hospital Gómez Ulla (sí, aquel hospital militar de referencia) para tratar a enfermos como estos del ébola. Una remodelación que va a tener que hacerse a toda prisa y por decreto extraordinario. Tampoco podemos pasar por alto que, a estas alturas de la batalla del ébola, y con esa legión de inmigrantes a las puertas, nuestros medios navales y aéreos de rescate carezcan de unidades de aislamiento adecuadas. Aún se van a adquirir equipos sanitarios y de protección para esta guerra en la que, muy especialmente, están empeñadas oenegés y médicos, voluntarios españoles, que deben viajar dando mil rodeos, en aerolíneas africanas de todo tipo y nivel, para llegar o volver de Liberia, Sierra Leonea, Guinea Conakry o Mali. ¿Cuántas medallas habría que conceder a estos compatriotas?

Si Morenés quiere colocarse chapas en la gestión del ébola, seguramente podría empezar por gestionar ante el Gobierno que se permitan vuelos de abastecimiento a esos países desde la base aérea de Gando (Canarias) o enviar en ayuda de los africanos al Regimiento NBQ Valencia número 1, que se supone preparado para actuar en estos desastres biológicos. Así se pondrán a la altura de los militares norteamericanos e incluso del contingente de 165 médicos cubanos que, por cierto, ya tienen algún «herido», caso del doctor Félix Báez Sarría, de 43 años, que se contagió en Sierra Leona y está siendo tratado allí mismo por médicos ingleses.

No me cabe duda de que la intervención médica militar española (también la de evacuación aérea) estaría al mismo o mejor nivel que la de otros países que allí han ido a colaborar. Por eso, y ante el perfil bajo actual, ¿no es un poco prematuro sacar ya las medallas?

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