Proteger a los niños


Aunque las corrupciones de cada día, la crisis de los partidos, la aparición de nuevas opciones políticas que crecen en respaldo social con más rapidez que en la concreción de sus propuestas, y el anuncio insistente de una recuperación que apenas se ve copen el primer plano, la centrifugadora de la crisis sigue expulsando a más personas del sistema. 800.000 niños han cruzado el umbral de la pobreza desde el 2008. Hay que preguntarse cuántos más serían sin la labor de protección que están haciendo familias, amigos, vecinos y hasta multitud de profesores que arriman el hombro para que miles de niños cuyos hogares han pasado de una economía saneada a la nevera vacía puedan tener una dieta mínimamente equilibrada o, al menos, no entrar en clase con el estómago vacío.

La desesperación de los padres que no saben si mañana podrán dar de comer a sus hijos o la enorme carga negativa que para tantos niños supone ver a sus padres angustiados o deprimidos, cuando no desesperados, se queda dentro de casa o, como mucho, en el ámbito de las organizaciones que estiran sus recursos y su imaginación para ofrecerles apoyo.

Resulta obsceno comparar esta realidad con las discusiones sobre quién debe controlar el gasto de los parlamentarios o la ausencia de controles que han permitido la desaparición de montañas de dinero público por las alcantarillas de la corrupción.

Unicef ha reunido más de 86.000 firmas en apoyo de un pacto de Estado por la infancia, que no parece figurar entre las prioridades de los grandes partidos ni de las nuevas opciones. El riesgo no es solo perder una generación de jóvenes que no encuentran trabajo, sino que les siga otra generación de niños traumatizados por una infancia de malnutrición y marginación.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
17 votos

Proteger a los niños