Obama y su política exterior


Con un pasado de superación, a los nueve meses de su nombramiento Obama obtuvo el Premio Nobel de la Paz y con ello sentenció su suerte. Al no tener méritos suficientes para tal honor, se empeñó en reducir las intervenciones militares en el extranjero. Sacó a sus tropas de Irak y lideró una rápida actuación en Libia, que liberó al país de Gadafi, aunque no le ayudó a sentar las bases de un nuevo régimen democrático. La inexistencia de un grupo opositor digno de confianza le ha mantenido alejado de la guerra civil siria, lo que ha permitido que el Estado Islámico haya conquistado un tercio de Irak y otro tanto de ese país. Ante el conflicto en Ucrania, se situó detrás de Merkel para que esta liderara el pusilánime apoyo de la Unión Europea a Kiev frente a Putin.

A nivel interno, aunque la crisis económica ha hecho mella en Estados Unidos, lo cierto es que ha ido capeando el temporal con bastante soltura. Sin embargo, no ha podido frenar ni el uso de armas por particulares, ni el conflicto racial en las zonas más pobres del país, ni el problema de la inmigración ilegal, y su política de sanidad tuvo que sufrir serios recortes para poder ser aprobada.

Tras el previsto varapalo de las elecciones legislativas, la victoria de los republicanos parece que ha tenido más que ver con la indecisión de Obama en su política exterior que con los problemas internos del país. Y es que muchos norteamericanos siguen considerando a su país como el gendarme del mundo, aunque no haya ganado ningún conflicto desde la Segunda Guerra Mundial.

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