La gran estafa


Lo importante es que hemos superado la procesión ciudadana sin lesionados. Con una gran demostración de civismo y educación democrática. Todo lo demás no se sostiene y puede resumirse en una sola palabra: engaño. Millones de parroquianos estábamos ciegamente convencidos de que veríamos las colas interminables de ayer ante las urnas, pese a que se nos dijo que «la consulta no se celebrará mientras yo sea presidente». Lo sabíamos desde que vimos cómo las amenazas de los tanques en las calles, de suspender la autonomía y de detener a los convocantes daban paso a posturas de «ejercicios inútiles». Y supimos que también engañaba quien fio el sueño independentista a un acto de farándula y sinsentido.

El 9-N pasará a la historia como el día de la gran farsa; un día en el que lo único salvable fue la responsabilidad, sensatez y civismo de millones de ciudadanos que, votando o no, estuvieron muy por encima de sus dirigentes. Como siempre.

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La gran estafa