La sanidad pública gallega


No hay como viajar para aprender a valorar la tierra en la que uno vive. Viene esto a cuento por la noticia que conocíamos a principios de esta semana: en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña se implantó con éxito el primer corazón artificial. Juan Carlos Agustín Espasandín, el beneficiario de esta novedosa terapia, no tuvo que hipotecar su casa para pagar la operación, ni tuvo que dejar su tarjeta de crédito o un aval bancario en el servicio de admisión del hospital para que los facultativos accediesen a la intervención: nada de eso tuvo que hacer porque la nuestra es una sanidad pública, no como ocurre en otros muchos países del mundo (incluida la todopoderosa Norteamérica). Nuestro sistema garantiza las mejores opciones terapéuticas a todos los ciudadanos de este país.

No todo vale para desgastar al partido político gobernante. Es verdad que nuestro sistema sanitario tiene debilidades y carencias, como toda obra humana. Pero sobresalen las fortalezas, de eso no me cabe la menor duda.

A pesar de la durísima crisis económica, sigue siendo uno de los mejores del mundo. A ello ha contribuido, sin duda, el compromiso del presidente Feijoo con él.

Y, por encima de todo, la dedicación, la excelencia y el compromiso de tantos profesionales magníficos que trabajan en la sanidad pública gallega.

Tengámoslo presente a la hora de la crítica, tantas veces interesada y con fines partidistas. No banalicemos algo tan serio, por favor.

Y recordémoslo también cuando, dentro de poco, con los catarros y las gripes invernales tengamos que esperar un poco para ser atendidos.

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