¿Y si hubo plagio en el Nobel de Economía?


Jean Marcel Tirole, que aún tiene el Nobel calentito, acaba de declarar en Le Figaro que si Francia no se pone las pilas, y emprende serias reformas en el mercado de trabajo, en las pensiones y en la gestión del paro, «experimentará lo que han vivido los países del sur de Europa». Y, consciente de la gravedad de la situación, propone un acuerdo general entre los grandes partidos y los sindicatos franceses -una especie de Pactos de la Moncloa- para no enfangar la política de Estado en tan complejos objetivos.

Aunque en España hubo bastantes artículos que quisieron apuntar a Tirole a la crítica abierta contra las políticas dominantes en la UE, el nuevo Nobel de Economía insta a Francia a seguir el camino de países como Alemania y Suecia, y a no demorar más los ajustes y reformas, porque «cuanto más esperemos, mayor urgencia habrá para las reformas y más costosas resultarán para los ciudadanos». Dado que Tirole no es político, sino economista, no necesita exagerar su discurso hasta el esperpento, ni confundir el razonable ajuste fiscal que ha emprendido la UE con un «austericidio» -¡vaya palabro más estúpido!- impulsado por gente sin alma y sin modelo social. Y por eso, al tiempo que reconoce que «algo de austeridad no hace daño, pero demasiada puede perjudicar a la economía», insiste en la necesidad de introducir la competencia en los servicios, evitar la duplicidad en el gasto público y, en su línea de siempre, deslocalizar buena parte de los controles sobre competencia y regulación de mercados hacia espacios de poder internacionales.

Si contextualizamos las manifestaciones de ayer en su doctrina ya consolidada, este Nobel de Economía también coincide, sin aspavientos, en la necesidad de cumplir con los compromisos de déficit, cosa que no sería difícil, dice, si en los ciclos de crecimiento, en vez de acelerar las dinámicas alcistas, se admitiese como algo ortodoxo un superávit en las cuentas públicas, que podría aplicarse a la atenuación de los ciclos de crisis. Y por eso me reconcilio tanto con este economista inusual, que me hace abrigar la esperanza de que nuestros académicos empiecen a olvidar a Krugman y se pongan a razonar -aunque Tirole tenga mucho de americano- con claves más próximas a nuestra realidad social, económica y política.

Pero me queda una duda. Porque, viendo los criterios y las recetas exhibidas por Jean M. Tirole, y comparando estas con las que vienen aplicando los liberales asentados en diversos Estados de la UE -reformas estructurales, ajustes, consolidación fiscal, reforma del mercado de trabajo y controles internacionales de la competencia, la regulación y los reguladores-, no me queda más remedio que preguntar: ¿Habrá copiado?

Suerte que Hegel ya resolvió este enigma. Porque «cuando tiempos nuevos se avecinan -decía- los genios coinciden».

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¿Y si hubo plagio en el Nobel de Economía?