Amigos del alma


Decía Cicerón, que es un señor al que tenemos bastante olvidado, que el primer precepto de la amistad es pedir a los amigos solo lo honesto y solo lo honesto hacer por ellos. Lo decía, ya digo, Cicerón, que tuvo la dicha de vivir en una época en la que las amistades no eran tanta bicoca como lo son hoy. Porque si analizamos, aunque sea someramente, los disgustos que las amistades de los poderosos nos están dando, veremos precisamente que la confraternidad y el compañerismo son el origen de casi todas nuestras pesadillas.

Quienes malgastaron nuestros ahorros, quienes dilapidaron las ayudas a la formación, los que utilizaron las tarjetas del soborno, los que dispusieron de sobresueldos, aquellos que se quedaron con el dinero de empresarios y trabajadores, los que realizaron las obras faraónicas que otros soñaron; en definitiva, los que llevaron a la ruina a este país, son todos amigos del alma de quienes elegimos para que nos facilitaran la vida. La amistad y el apego en este país sirven para el enriquecimiento personal y el desvalijamiento colectivo.

Hoy es más rentable ser amigo del alma, haber compartido pupitre, o ser compañero de farras de quienes deciden, que resultar agraciado con el gordo de la lotería. Y menos latoso, porque tienes el premio asegurado de antemano. Acabarás en un consejo de administración pudiendo gastar a escape libre, malgastando fondos de ayudas, o haciendo una obra que solo servirá para el enriquecimiento personal.

Decían en aquella memorable película de Glenn Close que la vergüenza es como el dolor porque solo se siente una vez. Pero estos amigos del alma ni la sintieron una vez.

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