Españolito que vienes al mundo


Diré algunas cosas pronto, para que no quepa la mínima duda. La ministra de Sanidad, Ana Mato, debería dimitir por su nefasta gestión de la crisis del ébola. En realidad, debería haber dimitido hace tiempo por muchos otros motivos. De hecho, nunca debería haber sido nombrada ministra. El consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, es una persona indigna. Sus declaraciones frívolas y llenas de soberbia en las que trató de manera cruel y despectiva a una mujer enferma de ébola demuestran tal vileza que cada minuto que pasa sin que se le aparte de su cargo es un baldón para el partido y el Gobierno que lo respaldan. Rajoy tardó casi cinco días en reaccionar frente a una gravísima crisis sanitaria. Y, una vez que ha rectificado, hace mal en sostener a Ana Mato. El Gobierno cayó en un claro exceso de confianza en la repatriación del religioso Manuel García Viejo y relajó las medidas que adoptó al traer a España al primer misionero, Miguel Pajares. Las responsabilidades deben ser asumidas.

Aclaradas estas cuestiones capitales, resulta sin embargo ridículo negar la existencia del factor humano en el contagio de Teresa Romero. Ni con todas las prevenciones del mundo es posible reducir a cero la posibilidad de una infección. Como muestra, hay paradojas absurdas, como que un médico se aísle en un hospital por haber estado en contacto con el virus, pero haga antes unas declaraciones rodeado de periodistas que ponen micrófonos a milímetros de su boca, con el consiguiente riesgo de contagio.

Desgraciadamente, pueden convivir en el tiempo una ministra incapaz y un error humano sin que una cosa impida la otra. Pero decir algo tan elemental como esto basta para que a uno lo crucifiquen en según qué foros. Hemos llegado a un punto de no retorno en el que, sea cual sea el debate, aparecen las dos Españas machadianas que habían de helarnos el corazón. Si hablamos del ébola, el país se divide automáticamente entre quienes opinan que Rajoy es el único culpable de todo y niegan cualquier posibilidad de que Teresa cometiera un error, aunque ella y su familia admitan que esa posibilidad existe, y quienes se obcecan en no admitir fallo alguno del Gobierno y trasladan toda la responsabilidad a la víctima, amparándose en un supuesto comportamiento imprudente que, de existir, sería en todo caso posterior al contagio.

Asistimos una vez más a un circo en el que tertulianos de todo a cien pontifican sobre protocolos, antivirales, Zmapp y lo que sea necesario sin saber muy bien de lo que están hablando. Surgen por doquier expertos en trajes NBQ. Hay quien se ensaña con Teresa Romero, obviando que se trata de una profesional admirable que se ofreció voluntaria asumiendo así graves riesgos y también quien llega a la miseria de, con tal de atacar al Gobierno, cuestionar que se repatriara a los misioneros porque si se contagiaron fue culpa suya por irse a África a evangelizar negritos. Lo dicho. Españolito que vienes al mundo te guarde Dios.

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