Navantia, una pesadilla


A guien debería decir que hasta aquí hemos llegado y que se acabó el guateque, y ese alguien no somos ni usted ni yo. Alguien con peso, con capacidad de decisión y responsabilidad en la gestión debería poner fin a este patético espectáculo. Alguien al que usted y yo financiamos su vida y sus aficiones, precisamente para que hagan eso; para poner orden donde no lo hay.

Y desde luego en Navantia hay de todo, excepto orden y sentido común. Ahora resulta que por los retrasos o por lo que sea, una parte de los bloques del añorado flotel de Pemex se va a ir a otras tierras; españolas, pero otras tierras. Y que los trabajadores de Navantia Ferrol vuelven a ver cómo se les destroza su presente y su futuro de una manera que resulta ya obscena.

Es cierto que los repartos de carga de trabajo son habituales en los astilleros públicos españoles. Tan cierto como que los gestores de esos astilleros carecen de talento y conocimientos para ocupar los puestos encomendados. Lo vienen demostrando. Y lo aseguran hasta los responsables políticos de la comarca.

Navantia parece, en los últimos tiempos, un asilo de incapaces que lleva a la desesperación y a la irritación a la comarca ferrolana y a toda Galicia. Por eso, alguien tiene que tomar la decisión de acabar con esta permanente provocación y pesadilla, y no consentir ni un desprecio más. Y eso le corresponde a quien le corresponde. Porque resulta incomprensible que siendo de la misma hermandad los de Madrid, Santiago y Navantia, ocurra esto. A no ser que coincidan en el deseo de decapitar nuestros astilleros.

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