La Justicia está de enhorabuena


Los españoles debemos estar inmensamente satisfechos. Me consta que así se encuentran incluso buena parte de los militantes del Partido Popular. Se han sacado de encima una importante patata caliente. La dimisión del peor ministro de la historia reciente de España se ha convertido en una de las mejores noticias del año para una ciudadanía necesitada de alguna que otra alegría.

Alberto Ruiz-Gallardón se va tras haber puesto patas arriba el país con su troglodita reforma de la ley del aborto. Su desmedida ansia por cercenar los derechos de las mujeres le ha abocado a marcharse por la puerta de atrás. Pues por esa puerta es por la que ha tenido que salir de un Gobierno en el cual molestaba, a pesar de que pretenda hacernos creer que se va rebosante de dignidad, y con la sensación del deber cumplido. Rajoy, que fue su particular Bruto, tiene tanta culpa como él, o más, ya que es el presidente del Gobierno, en lo referente a la citada reforma.

Años atrás Gallardón era la gran esperanza modernizadora de Génova. Muchos lo veíamos como el destinado a llevar aire fresco a un PP que empezaba a oler a rancio. Pero qué engañados estábamos. Resultó ser el más carpetovetónico de todos. Un inmenso ambicioso que en su día hipotecó Madrid, y que ha dejado a la gran dama ciega que es la Justicia con vista de lince. La ley de tasas fue otra de sus grandes meteduras de pata, pero en aquella ocasión la norma salió adelante, creando un agravio de dimensiones apocalípticas entre españoles acomodados y pobres. Entonces no dimitió, a pesar de la tremenda presión mediática, porque las elecciones estaban aún lejanas, y sobre todo porque a Rajoy todavía no se le había convertido en su incómoda chinita en el zapato.

Si es cierto que abandona la política definitivamente, como así ha asegurado, estamos de enhorabuena. Mi opinión sobre este Gobierno es nefasta. Pocos se librarían de mis más furibundas críticas. Pero el ya exministro de la injusticia era el primero que tenía que dejar la nave que tan pésimamente rige nuestros destinos. Lo contrario, tras el reculamiento de la reforma de la ley del aborto, sería una afrenta a todo un país. Si en breve le siguieran Wert, Montoro y Báñez, entonces sí que mi felicidad sería plena.

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