Contra el islamismo radical


Trece años han pasado desde que Estados Unidos se vio sacudido con la oleada de atentados más violenta de su historia. Trece años en los que el islamismo radical se ha transformado en el enemigo principal de la paz mundial. Trece años en los que el enfrentamiento entre capitalismo y comunismo se ha transformado en una pléyade de guerras nacionales con trasfondo étnico y religioso. Sería muy simplista decir que el mundo está en guerra contra el islam, pero no tanto afirmar que, en la mayoría de los conflictos, se encuentra en su forma más violenta. La irrupción de Al Qaida en el 2001 trastocó el equilibrio de fuerzas de la comunidad internacional, la cual, desde entonces, intenta establecer, sin éxito, una pauta de actuación contra este enemigo común. Su fracaso, sin duda, se ha convertido en el arma más poderosa de fanáticos como Al Shabab en Somalia, Al Qaida en Afganistán, Pakistán y Yemen, Boko Haram en Mali y el Estado Islámico en Siria e Irak. Estos radicales han arrasado países que carecen de un Gobierno fuerte y sus fuerzas de seguridad, si existen, son poco o nada eficientes.

Pero, por si fueran pocos los avances terroristas sobre el terreno físico, también han ido ganando espacio y adeptos en el mundo virtual con vídeos simples y atractivos. Twitter los ha vetado, y los terroristas han amenazado a sus trabajadores. La guerra también se ha extendido a Internet.

Y es que estamos en guerra, una guerra total sin frentes claros y con un enemigo difuso, pero sobre todo con líderes pusilánimes como Obama, que no tienen ni idea de cómo acabarla más allá de hacer discursos buenistas y bombardeos selectivos. Definitivamente, estamos peor que hace trece años.

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