La canción del verano


Más de 200.000 escolares gallegos se echan hoy las mochilas al hombro para iniciar un curso que va a resultar tan controvertido e improductivo como todos los anteriores. Es la clásica canción del final del verano. Todos los años por estas fechas ponemos encima de la mesa las lamentaciones por los muchos problemas que afectan a nuestra educación y que, por lo visto, somos incapaces de resolver.

No hace falta ser la vidente Adelina, ni que nos froten el cuerpo con el huevo para saber que para una gran parte de escolares este va a ser un curso con escasos resultados. Se enfrentan a un descenso de la calidad educativa, masificación de las aulas, falta de personal docente, recortes, Lomce; en fin, los problemas de siempre. Esos de los que llevamos hablando décadas sin que nadie sea capaz de solucionarlos pese a que salimos a reforma educativa cada cuatro años. Aprobamos un cambio educativo con más facilidad que los estatutos de una sociedad de caza y pesca. Cambiar por cambiar, sin contar con los que realmente saben de esto: la comunidad educativa. Y así pasamos de la Logse a la LOCE, a la LOE y a la Lomce, sin saber lo que significan pero convencidos que suponen otro fracaso.

Los resultados ya los conocemos. El porcentaje de abandono escolar temprano duplica al de la UE con el 25 %; tenemos muy pocos alumnos excelentes, solo el 3 % del total, y el paro de los titulados superiores triplica la media europea. Gran balance. Mejor nos hubiera ido si pusiéramos la educación en manos de quienes hoy inician el curso escolar, esos críos de cuatro y cinco años. Porque son más responsables y sensatos.

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La canción del verano