El sereno Draghi y el «quantitative easing»

Marcos Escudero ECONOMISTA

OPINIÓN

El BCE bajó ayer tipos además de anunciar un quantitative easing para octubre. Tras ese término se esconden miles de millones de euros que llegan para regar los campos yermos de la economía euro e impedir de paso la deflación. Y algo tendrá el agua cuando la bendicen.

En la práctica, lo que hará el BCE es inyectar dinero en la economía comprando bonos para que sus precios suban y baje su rentabilidad. Esto debería traducirse en mayor cantidad de dinero en manos de los bancos para inyectar en el sistema además de mas alicientes para el consumo, porque el ahorro genera menos rendimiento; y para la inversión, porque será menos costoso financiarla. ¿Suena bien, no? Pues sí, en principio. Aunque no es seguro que esos beneficios sean inmediatos. La gran duda es qué parte de ese dinero acabará inmovilizado en los balances de los bancos; y, del resto, cuánto animará la inversión del tejido empresarial que tiene que garantizar el crecimiento y el empleo en el futuro, y cuánto servirá para que subsistan los sectores inviables que agonizan por la irrupción de Internet y de los países emergentes. El dinero es difícil de orientar. Podemos llevar la burra al río, pero obligarla a que beba ya es más complicado, sobre todo, si no tiene sed.

Y en cuanto al problema de la deflación, tampoco va a ser un bálsamo. El exceso de deuda en el sistema que nos lleva a la deflación va a seguir ahí, lo que ocurre es que ahora se traspasa en parte al balance del BCE, pero no se elimina. Es como dar una patada hacia adelante al problema para ver si así va perdiendo fuerza. No sabremos si la medicina funciona hasta dentro de unos cuantos trimestres.

En fin, lo peor de crisis parece que ya ha pasado porque hemos dejado de destruir riqueza. Lo complicado ahora es impulsar la economía para que crezca en lugar de estancarse, y en esas labores se encuentra el sereno Draghi. De que lo consiga depende nuestro bienestar futuro. Deseémosle suerte. A él y a su mujer que, por si no lo saben, se llama Serena. No podía ser de otra manera.