Sastrería política


Uno de los oficios más hermosos es el de sastre. En 1957 abre su sastrería el padre de Manu Melwani, un hindú que regenta en Hong Kong una afamada tienda con el nombre comercial de Sam. Allí se visten a la medida las más rutilantes estrellas; desde don Juan Carlos, pasando por Clinton, Mandela, Carter, Plácido Domingo, hasta Elton John y Carlos Santana.

Pero hay aprendices de sastre como los hay de brujo, que no son capaces de comprender las consecuencias de su osadía al querer aprovechar el conocimiento del maestro en su favor sin percatarse del límite o conocer las palabras mágicas que detienen la vorágine que han desencadenado.

Traje a la medida. El que se les ha ocurrido a los aprendices de brujo para controlar el poder municipal haciendo leyes a su medida. Legislarán -con su perversa mayoría- una ley que garantice el bastón de alcaldes a sus cabezas de lista, siempre y cuando sean los ungidos por el partido en la lista más votada. Han urdido un truco para capturar el poder popular y convertirlo en el poder que ellos necesitan para seguir practicando la partitocracia. Es decir, no solo no hay listas abiertas, es que impiden por ley la construcción democrática de las mayorías mediante el pacto para gobernar.

Como al sastrecillo valiente, la hazaña de imponer el método a su medida les impide comprender que hará ingobernables los ayuntamientos, provocará más indignación y alimentará movimientos sociales como Podemos.

Traje a la medida. Como el que diseñó la familia Pujol para hacer de Cataluña su finca de recreo y de la democracia un concepto a imagen y semejanza de sus necesidades convertidas en virtud por obra y gracia de la propaganda.

«Yo soy la verdad y la vida». «Yo soy la nación y la patria». A partir de estas coordenadas para el pespunte y el corte de patrones, se construye un país cuyo registro de propiedad lleva la marca del Pujolismo.

Los han descubierto -a conveniencia del calendario- lo del 5 % y los caros y estentóreos lujos de los Pujoletes. Ahora, el traje se ha deshilvanado. Nadie quiere tener en su fondo de armario las prendas del sastre que no solo cosía los derechos de la nación catalana, es que se permitía dar lecciones de cómo debía ser la ropa de ceremonia para la inconmensurable elegancia de heredar derechos sucesorios con cuentas en Suiza.

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