Arriba parias de la tierra, en pie famélica legión


Pedro Sánchez sostiene, con razón, que el Gobierno español actual es un peligro mortal para la clase media, por eso se declara de izquierdas, aunque quiere atraer al centro. En esta tarea de atraer al centro político desde la izquierda, ofrece un socialismo que solucione las necesidades de las clases medias, y en esta búsqueda del centro se declara ferviente felipista.

Pero el problema, así planteado, podría ser irreal si en la actualidad y después de siete años de crisis, la clase media española estuviera herida de muerte. Como demuestran los niveles actuales de desigualdad, vivimos en el país europeo con la polarización social más elevada entre los muy ricos y los de menos ingresos. La clase media está precipitándose bien, una parte, hacia los sectores de rentas altas y, la mayor parte, hacia un paulatino empobrecimiento que los acercaría a los sectores sociales sin futuro (desempleados, precarios, subempleados, temporales, sumergidos, desahuciados, etcétera).

Por eso me sorprende su idea de la clase media: «La clase media es casi toda la sociedad: los trabajadores, los desempleados, los jóvenes que han creído en el sistema y se ven desamparados y obligados a exiliarse, los mayores de 45 años, que son los damnificados por la quiebra del modelo de crecimiento económico».

Pareciera como si, justo ahora que la crisis ha generado una legión de parias (como se canta en La Internacional), él los integrase en la clase media. Con lo que ni reconoce la muy singular situación de los más débiles, ni tampoco parece tomar nota de la irremediable desintegración de la clase media. No es casual que su oráculo ideológico (Felipe González) sea un paladino ejemplo de transmigración desde la clase media hacia la beautiful de los más ricos del país. Y sin complejos de casta.

Tiene todo esto mucha importancia de cara a recomponer un contrato social, un pacto social que suponga una alternativa al actual desmantelamiento del Estado de Bienestar. Porque si la derecha es un peligro mortal para la clase media, lo es por trabajar sin tregua en alternativas individuales y privadas (sanitarias, educativas, en pensiones, protección social, etc.) para los que puedan pagárselas. Y desentenderse de un Estado de Bienestar solidario para todos. Trabajo para el que han encontrado muchas simpatías socialdemócratas en las últimas décadas.

Esto así, solo podrá si acaso construirse una alternativa, si se define un programa de acción político que partiendo de las reivindicaciones de la nueva, postmoderna y varias veces millonaria legión de parias españoles, sea respaldado por aquellos sectores de las clases medias que no creen que su salvación, y su futuro, estén ahora en buenas manos.

Hoy el centro es un anacronismo. Y es por eso que los Montebourg franceses nada tienen que hacer frente a los presuntos socialdemócratas Macron o Sapin. Frente a estos últimos, o nuestro Luis de Guindos, solo impondrá respeto un Breaking Bad de la izquierda. Me temo que el felipista Pedro Sánchez no da el perfil para eso.

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