Pedro Sánchez y Felipe González


El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, cita mucho a Felipe González y a Alfonso Guerra en sus declaraciones, y me parece muy bien que lo haga, pero no existe una constancia clara de que esto signifique que habla con ellos alguna vez o con la frecuencia que sería de desear. Por el contrario, algunas fuentes informan del recelo de Felipe y del gran rebote de Guerra por la exclusión de Txiqui Benegas y de Rodríguez Ibarra. Pervive así la idea de que ha habido un pacto con un sector zapaterista no caracterizado precisamente por su peso político y por su rigor ideológico.

Personalmente, creo que una conversación a fondo con Felipe González le vendría muy bien a Pedro Sánchez. Hay muchos traspiés que se podría ahorrar con la simple aplicación de la experiencia del sevillano (que cometió sus errores, pero que supo extraer conclusiones casi siempre inteligentes, e inteligibles para los votantes). Navegar por la apariencia de lo que no se es, no traerá buenos frutos. Al contrario, el PSOE, en su afán de reinventarse, cada vez echará más en falta su propia reconciliación consigo mismo, es decir, con su verdadera identidad no nacionalista de antaño. Porque a veces se sabe más mirando el estado de las raíces que el de las ramas.

Es evidente que el PSOE debe modernizarse en muchos aspectos, pero debe ser muy consciente de aquello que representa en su esencia y que no debe mudar. Pongo un caso. La alegre oferta de un Estado federal que se ha hecho ?antes por Rubalcaba y ahora por Sánchez? carece de reflexión y de calado y ha sido percibida como una cesión a los independentistas.

El federalismo ?ya lo dijo Salvador de Madariaga? es una convicción profunda que no nace para contentar a los separatistas sino para unir a quienes de todas formas desean estar juntos. Mucho me temo que en España hoy afrontamos planteamientos que no tienen que ver con esto. El federalismo solo podría ser la solución si fuese el deseo de entenderse mejor y no un empujón más de algunos hacia la independencia. Sánchez debe acertar en sus reflexiones, si quiere tener una buena travesía. Que hable con Felipe González, que entendía la aguja de marear.

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