¿Algo más que peregrinos de la austeridad?


Mientras la socialdemocracia alemana siga en gran coalición con la señora Merkel, y los socialistas franceses e italianos solo busquen, cada uno su ruta de austeridad, a Mariano Rajoy le viene de perlas ser el presidente preferido de la canciller alemana para andar un trecho del Camino de Santiago.

Porque, en esas circunstancias, el nuevo pacto europeo que propone Pedro Sánchez para la eurozona es un brindis al sol del que, si acaso, progresarán unas migajas para los parados más jóvenes. Además de cómo meter a Cañete y De Guindos en la gran coalición europea (popular y socialista) de Juncker & Schultz.

Sin embargo, puestos a ser, sin complejos, el alumno preferido de Alemania en la eurozona, la agenda de una reunión entre Merkel y Rajoy en vez de tratar grandes pactos imposibles, cargos o migajas, creo que debiera centrarse en una humilde imitación del modelo alemán.

Para empezar, poner en orden el fraude fiscal de las rentas altas españolas que explican que, mientras en el modelo alemán los ingresos públicos alcanzan casi el 45 % sobre el Producto Interior Bruto, en el protectorado español no lleguemos al 38 %, con lo que se nos evaporan setenta mil millones para sostener el Estado de Bienestar y, de paso, cumplir los objetivos de déficit dando una tregua a los recortes (en innovación por ejemplo).

Tampoco estaría nada mal aclarar porqué en Alemania el veinte por ciento más rico de su población tiene unos ingresos del cuádruple del veinte por ciento más pobre, mientras que en el protectorado español son más de siete veces. Quizás se deba, aparte del escaqueo fiscal del párrafo anterior, a que millones de parados trabajan aquí, con suerte, temporalmente por un salario mínimo inferior a la tercera parte del alemán.

Ya puestos, podríamos diseñar un plan de convergencia con el modelo energético alemán (apagón nuclear incluido) que nos permita a consumidores domésticos e industriales pagar una electricidad más barata, y no más cara, antes de impuestos que en Alemania. Que nos permita emular sus políticas de estímulo a las energías renovables y su modelo de concesiones para las mismas.

Tampoco nos vendría mal compartir una reflexión que nos homologase, como dilecto protectorado, con la escala municipal y local alemana, para así suprimir diputaciones y provincias, y no menos de la mitad de los alcaldes y corporaciones que vamos a elegir próximamente. Pues tenemos siete mil ayuntamientos con menos de cinco mil habitantes.

Son todos ellos asuntos que podrían favorecer nuestro crecimiento potencial del empleo y del bienestar en ausencia de eurobonos, de una devaluación del euro, de una política anti deflacionista o de disponer de un presupuesto para inversiones de choque y estímulo en la eurozona. Cosas que, ya se sabe, son pecado mortal para los muchos -creyentes y conversos- peregrinos por la austeridad.

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