Podemos y el actual dilema de la clase media


En buena parte de Europa, y en particular en España, las últimas elecciones europeas han puesto en primer plano una disyuntiva social que afecta de manera singular a las clases medias. La disyuntiva es visible en el galopante avance de una desigualdad social que convierte en cada vez más rico a un sector privilegiado de la población, y en cada vez más precaria y excluida a otra parte creciente de la misma.

El sector cada vez más rico y privilegiado podríamos caracterizarlo de forma breve diciendo que son aquellos que ya viven de hecho como si el Estado de Bienestar no existiese. Cuentan con un plan privado de pensiones o con ahorros colocados en activos rentables y seguros (a veces opacos, a veces fuera del país), tienen seguros médicos privados que les evitan las esperas y equidades del sistema público, envían a sus hijos a centros educativos privados, incluso cuentan con servicios de seguridad privada en sus lugares de trabajo o de residencia, y así sucesivamente.

En el otro extremo tenemos a la población (o muy joven o más mayor, nacional o inmigrante) que sobrevive con una cadena de empleos temporales, a tiempo parcial, con frecuencia sin dar de alta en la Seguridad Social, con períodos intermitentes en el desempleo (casi siempre sin prestación), como falsos autónomos, o bien como pensionistas con ingresos mensuales por debajo de los mil euros. y con gastos crecientes (de la energía, la sanidad, los alimentos básicos, etcétera).

En un extremo estaría el 20 % de la población más rica y en el otro, probablemente ya, más del 30 %. Los datos de Eurostat informan que en España los primeros multiplican por más de siete veces los ingresos medios de los segundos. Más que en ningún otro país.

Es en este escenario donde se sitúa un dilema central para la clase media, para ese 50 % restante de la población. Se trata de los asalariados más cualificados que hasta ahora contaban con un empleo estable y que venían siendo los costaleros de un sistema público (pensiones, sanidad, educación, etc.) del que eran usuarios actuales o potenciales. A lo largo de la crisis estaría comprobando cómo sus condiciones laborales se deterioran y cómo los recursos públicos se han ido priorizando para enjugar las tropelías de la cúpula empresarial y política del país. Es a este sector social al que los populismos parafascistas azuzan para que consideren su principal enemigo a los que, se dice, no trabajan ni quieren trabajar, a los que parasitan las ayudas sociales, los vagos y culpables de su suerte, los inmigrantes. Proponen restringir la inmigración o el acceso a los beneficios de la protección social. Cada vez menos Estado de Bienestar (que cada uno se gane el suyo) y cada vez más estado policial. En esto coinciden objetivamente con el programa oculto de los más pudientes, pudiendo incluso engatusar a no pocos precarios y excluidos.

En mi opinión, la emergencia de Podemos en España abre otra posibilidad. Que los sectores excluidos acuerden con parte de las clases medias una agenda de cambio social que limite los privilegios de la casta privilegiada, que refuerce la protección social frente a la caridad o las mafias y que distribuya mejor el empleo y los ingresos. Es posible, pero no va a ser nada fácil.

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