Recuperación del empleo: luces y sombras


Desde finales del 2011, momento del inicio de esta legislatura, hemos transitado por una profunda recesión económica y es aún ahora que empezamos a recuperarnos. En pleno verano, nuestra economía se beneficia de una vigorosa demanda turística, aunque las exportaciones y la demanda familiar interna tengan un pulso debilitado.

Los datos de afiliación a la Seguridad Social así lo certifican, ya que crecen en julio a una tasa mensual casi de doble intensidad que el año pasado, gracias al buen comportamiento de la hostelería, el comercio o los servicios sociales. No obstante, en el sector industrial, el pulso del empleo es muy débil. El crecimiento mensual desestacionalizado es mínimo (de un 0,07 %), lo que confirma que la recuperación es muy dependiente del empleo veraniego, temporal y a tiempo parcial.

Los datos de paro registrado confirman el diagnóstico. Son buenos datos porque el número de parados disminuye, pero la disminución es de la mitad de intensidad en julio de lo que lo había sido en junio, y en términos desestacionalizados, los parados registrados no disminuyeron. Seguimos en niveles de paro desconocidos en el resto de Europa, con un deterioro de la protección a los parados de larga duración y con una continua caída de la cobertura, caída que cuadriplica su intensidad entre los parados extranjeros.

No obstante, los más optimistas ya jalean a un Gobierno que habría situado los datos de empleo y paro en el mismo nivel en el que los habría encontrado a comienzos de la legislatura. Dado el nivel de las promesas electorales realizadas en noviembre del 2011, regresar al mismo punto en el que lo dejó el anterior Gobierno no parece gran cosa.

Habrá que ver si desde ahora al 2015, para presentar un balance digno, conseguimos acercarnos con mucha claridad a los tres millones de parados registrados sin apoyarnos en la emigración o el desánimo. Y, al mismo tiempo, recuperar los niveles de cobertura de los parados que se encontró este Gobierno (un 69 % frente al 59 % actual) para, después, alcanzar una cobertura que reduzca la desigualdad social rampante y las situaciones de pobreza extrema.

Y habrá que ver si somos capaces de acercarnos a los dieciocho millones de afiliados sin que sea casi todo empleo a tiempo parcial y con bonificaciones. Porque en la actualidad los ingresos de la Seguridad Social aún son inferiores a los de antes de la crisis en cuatro mil millones, mientras que los gastos en pensiones son superiores en veinte mil millones.

Solo entonces nuestros gobernantes se podrían ir de vacaciones de verano con la satisfacción de haber contribuido a recuperar una economía sólida, que ofrezca a sus ciudadanos opciones de trabajo y de protección social a la altura de los indicadores medios que se registran en la Unión Europea.

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