Pobre Galicia


«Muchos días no tengo nada que poner en la mesa». Lo cuenta Marta Verdeal, cabeza de una familia de siete personas, en Ribeira. Su relato es tristísimo, casi increíble. Más que terrorífico, pero no extraordinario. En Galicia hay 18.000 familias en una situación parecida o, como dice la Xunta, 18.000 familias que padecen «carencia material severa». Para entendernos, 18.000 familias que no saben si van a comer o si van a hacerlo medianamente bien. La Xunta culpa a la crisis del agravamiento del riesgo de pobreza. La crisis es siempre un buen cabeza de turco, porque es inimputable, no se le pueden pedir responsabilidades, ni echarla de ningún sitio. Es la crisis, pues qué le vamos a hacer... Y añade la Xunta que, no obstante, Galicia presenta «un mejor comportamiento que el conjunto de España». Si partimos de la base de que la política es la ciencia que trata de resolver los problemas de los ciudadanos, hace tiempo que ha quedado claro que en este país, además de familias con carencia material grave, tenemos una carencia política muy grave. Lo cual es una triste y famélica pescadilla que se muerde la cola.

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