El PSOE debe decidir si es carne o pescado

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

15 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Con todos los respetos para Pedro Sánchez, da la impresión de que cualquiera que se hubiera presentado a la secretaría general del PSOE -y cuanto más desconocido mejor- habría ganado a Eduardo Madina. Solo así se explica que una persona con nula experiencia de gestión; sobre la que no se conoce pensamiento político alguno o intervención parlamentaria digna de mención; que no ha ocupado jamás un puesto orgánico, y que además presume de todo ello, haya sido el elegido para guiar al PSOE por el desierto político que le aguarda hasta alcanzar la tierra prometida de la Moncloa. Tal era el hartazgo de la militancia socialista sobre todo aquello que oliera a pasado, que el máximo mérito para ganar era no ser nadie.

Ya puestos, al próximo secretario general podrían escogerlo los socialistas en el momento mismo de recibir su carné de militante. O, directamente, en la pila bautismal, para evitar así el pecado original de ser alguien, aunque en todo bautismo haya padrinos. Si un desconocido y virginal Zapatero ganó gracias al respaldo del guerrismo, Sánchez repite jugada con el impulso de Susana Díaz y el de su mentor, José Blanco. Esperemos que el experimento acabe mejor. De momento, se ha estrenado faltando a su palabra sobre la fecha de las primarias.

Enfrente tenía Sánchez a un Madina que pretendía cuadrar el círculo: presentarse como el gran renovador y el mayor crítico del PSOE tras seis años sentado en la ejecutiva y otros cinco como secretario general del Grupo Socialista, a la vera primero de Zapatero y luego de Rubalcaba. Casi todo lo que ha hecho Madina en esta campaña ha sido grotesco. Desde revolverse contra Zapatero, que lo apadrinó y lo elevó sin mayores méritos a la dirección, pasando por pedir que se hiciera público el origen de los avales, cayendo en el error tantas veces cometido por la derecha de considerar cautivos los votos de los andaluces, hasta intentar en el último momento una infame campaña de desprestigio contra su rival.

Todo esto no tiene sin embargo la mínima importancia porque, sea quien sea su secretario general, el PSOE no tiene nada que decir en España mientras no decida si quiere ser carne o pescado. Si quiere girar a la izquierda o recuperar el espacio de centro izquierda; si quiere ser más antisistema que Pablo Iglesias o ser uno de los pilares de la Constitución; si quiere ser casta o coleta; si apuesta claramente por una Cataluña integrada en España o prefiere seguir compadreando con el nacionalismo. El PSOE lleva años instalado en la equidistancia ante cualquier debate. En el sí, pero no. Y de ahí debe sacarlo Pedro Sánchez si quiere sobrevivir. Tarea, desde luego, no le va a faltar.

La mejor noticia de estas primarias a la secretaría general del PSOE es que se hayan producido. Con los defectos propios de un estreno, la experiencia ha sido un ejemplo de democracia y de participación de la militancia a la que ningún partido político español podrá sustraerse en el futuro. Solo por eso, ya habría que dar las gracias al PSOE.