Podemos, entre bomberos y mucha gasolina


Por lo que se fue viendo a lo largo del mes de junio, a multitud de analistas y tertulianos les parece sorprendente o disparatada la irrupción de Podemos en las últimas elecciones europeas. Como si de repente alguien se presentara a una cena a la que no había sido invitado. Casi todos vaticinan su inevitable fracaso por un montón de razones y volverá a reinar el orden, las formas y la armonía.

Confieso que a mí lo que me parecía sorprendente es que después de siete años viendo cómo los que nos metieron en un agujero nos siguen dando lecciones, cómo -a resultas de lo anterior- la sociedad española está generando millones de excluidos sociales y de precarios permanentes,? lo que me extrañaba, decía, es que la cosa quedara en cuatro protestas callejeras.

Lo malo para el animoso trabajo de los bomberos del pequeño incendio que es Podemos, radica en que un puñado de grandes oligarcas españoles, y sus capataces en las instituciones (esa puerta giratoria de la sociedad de mercado), siguen echando gasolina al fuego. Y así no hay manera. Resumo a continuación algunas perlas del pasado mes.

Empezábamos el mes sabiendo que el candidato socialista europeo iba a dar su apoyo al candidato conservador a la Comisión, y acabábamos viendo cómo los conservadores le devolvían el favor. Nada se sabe aún de un eventual viraje en las políticas austericidas aplicadas en estos años. En España, un día nos enterábamos de cierta millonaria presunta corrupción patronal en la gestión de los cursos de formación y, al siguiente, de que un fiscal pedía penas de cárcel para directivos bancarios por apropiación y estafa (aunque no por gestión temeraria).

Casi al mismo tiempo nada menos que el actual interventor general del Estado se acogía a su derecho a no declarar ante el juez, a petición del ministerio fiscal, en el caso del tren Alvia. Y, días después, otro fiscal nos sorprendía defendiendo a capa y espada la obvia inocencia de una infanta de España ante un juez que para él habría perdido los papeles.

Por las mismas fechas se informaba que el valor de los patrimonios en las sicav españolas volvía a estar en niveles previos a la crisis (nueve millones de media por accionista), y casi acto seguido de cómo parlamentarios europeos españoles -de todos los colores- se habrían procurado, en una sicav en Luxemburgo, una pensión de jubilación por vía exprés a cargo de los contribuyentes.

Los organismos españoles supervisores de la competencia investigan, al parecer, a una de nuestras grandes empresas energéticas por manipulación de precios, mientras todas siguen acumulando unas deudas del Estado (lo llaman déficit tarifario) multimillonarias. Otro día se descubren lazos de parentesco entre cien empleados del Tribunal de Cuentas. Y al fin una prominente dirigente socialista dimite de un banco público para amarrar una indemnización de once mil euros mensuales.

Quedan más latas de gasolina en el tintero, pero se me acaba el espacio disponible. Continuaré informando por si hacerlo fuera útil para el trabajo de los numerosos bomberos aplicados en apagar un incendio social llamado Podemos. Siento que se lo pongan difícil.

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