Quizá el PSOE debería ya cambiar su nombre

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

29 jun 2014 . Actualizado a las 06:00 h.

Si yo hubiera sido un apologeta de Alfredo Pérez Rubalcaba, todo lo que aquí diré de él carecería de valor. No lo he sido: muy por el contrario, he criticado a Rubalcaba, incluso con dureza, cuando he creído que ese era el deber de quien, como yo, goza del inmenso privilegio de escribir con regularidad en el cuarto periódico del país. Pero esas críticas no me han impedido jamás reconocer en el dirigente socialista a una de las figuras más relevantes del PSOE y, por tanto, de la moderna España democrática, que él, con un grupo irrepetible de políticos de diferente filiación, ayudó a conformar en muchos de sus aspectos esenciales.

Rubalcaba es el último mohicano socialista de aquella gran generación y, por eso, su marcha, significa para el PSOE la muy probable ruptura con el acuerdo constituyente que abrió el período más fructífero y brillante de una historia contemporánea plagada de descalabros y quebrantos.

Como sus predecesores en el cargo, Rubalcaba se va sin haber sabido resolver su sucesión, que, por su mala cabeza y ambición personal, ahora acabará por consolidar el giro del PSOE hacia el radicalismo populista que comenzó con el infausto Zapatero. Por eso, incluso quienes veían en el político cántabro a un personaje luciferino acabarán, a no mucho tardar, echándolo de menos.